Es, para mi gusto, el mejor momento para visitarlos y hacer esta ruta de cinco días para ver lo indispensable
Recorrer las Dolomitas estaba en mi lista de deseos desde que tengo uso de razón (y en la de cualquier amante de la naturaleza). Mi algoritmo de Instagram lo sabía y no paraba de bombardearme con las fotos y vídeos de montañas nevadas, prados verdes y picos escarpados. Era cuestión de tiempo ir a descubrirlo y el otoño pasado por fin me lancé.
Los Alpes italianos son majestuosos en cualquier época del año. En primavera se llenan de flores, en verano hay lagos para refrescarse en cada esquina y en invierno es un paraíso nevado de cuento de hadas. Ay, pero en otoño todo se tiñe de rojo y naranja, con nieve en algunas zonas sin hacer imposibles las rutas a pie. Es, para mi gusto, el mejor momento para visitarlos y hacer esta ruta de cinco días para ver lo indispensable.
Recomendaciones previas que me hubiera gustado saber antes
El primer paso (y el que a mí más me costó) fue disociar el viaje que tenía en mi cabeza del viaje real. Todo el mundo quiere hacerlo en autocaravana y es un planazo, pero para esta época yo no lo recomiendo. En primer lugar, porque esas imágenes que ves en redes con gente despertando en mitad del bosque solo son falsas: es ilegal pernoctar fuera de las zonas reservadas para ello, que son parkings y compartes con muchos otros campistas.
A eso se suma que estos aparcamientos son muy caros (más que un apartamento) y muchos de ellos están cerrados en la temporada de invierno. Además, hace mucho, mucho, muchísimo frío por las noches. También llueve y la camita calentita en un sitio con chimenea y aislante en las paredes se agradece.
Con todo esto en mente, yo alquilé un coche en el aeropuerto para poder moverme por las Dolomitas libremente. Recomiendo escoger uno con calefacción en los asientos, lo vas a agradecer. También reservé un apartamento en un pueblito llamado Cencenighe Agordino, muy pequeño y local, pero bien ubicado en el centro de todo aquello que quería visitar. La mayoría se aloja en Cortina D'Ampezzo, pero aquí era más barato y menos turístico.
Para terminar, mi consejo siempre que alguien me pregunta por este viaje es olvidarte la ropa bonita en casa y aceptar que los térmicos, las botas de montaña y el abrigo de nieve serán tu uniforme oficial. Eso y mucha paciencia, porque el frío y la lluvia pueden hacerte cancelar y mover planes cada día. Incluso habrá momentos en que tengas que quedarte en el apartamento mirando llover por la ventana. Romantízalo, acéptalo y no te frustres si no puedes hacer todas las rutas que querías.
Qué hice en Dolomitas en cinco días (y recomiendo a todo el mundo)
Día 1: llegada
Yo volé hasta Venecia, donde recogí el coche de alquiler nada más aterrizar. De ahí fui directa a hacer la compra para tener comida en el apartamento, porque los supermercados una vez entras en las Dolomitas son mucho más caros. El trayecto desde el aeropuerto es largo y de varias horas, aunque las vistas lo hacen menos tedioso.
Ese primer día son trámites: llegar, comprar, hacer el check-in, deshacer la maleta, etc. Sin embargo, sí recomiendo aprovechar un vuelo temprano y usar este día más lento para conocer el Lago di Carezza. Queda cerca y es el lugar más bonito que he visto en mi vida, con un agua turquesa espectacular y un bosque de pinos que se refleja en el lago y te hace sentir que ves doble. Darle la vuelta son 30 minutos y es la mejor forma de ponerse en mood alpino nada más llegar.
Día 2: Alpe di Siusi y Seceda
Una de las caminatas clave de este viaje es la de Alpe di Siusi. Se trata de un prado enorme salpicado de granjas que recuerda al fondo de Windows, con las montañas nevadas al fondo. Es una ruta circular de 10 kilómetros sin demasiado desnivel, excepto cuando vas acercándote al refugio a medio camino: el Hotel-Berggasthof Monte Piz. Ahí las cuestas se incrementan, pero merece la pena solo por el chocolate caliente que sirven en su terraza.
Tuvimos mucha suerte este día, porque el cielo estaba azul y el sol hacía brillar el césped, así que era espectacular. Yo recomiendo madrugar, para evitar que haya mucha gente y exprimir al máximo el día, ya que anochece muy pronto. En Alpe di Siusi estuvimos hasta la hora de comer. Bocata con vistas y, de ahí, directos a Seceda.
Seceda es uno de los picos más populares y fotogénicos de Dolomitas. Está dentro del Parque Natural Puez-Odle y los accesos en coche están restringidos. Solo se puede ir andando, pero es una ruta dura y complicada que no podíamos empezar a solo tres horas del atardecer. Por eso nosotros escogimos el teleférico, que cuesta 52 euros ida y vuelta y te deja en la cima.
Importantísimo recordar: el último teleférico de vuelta sale a las 17.30 y a finales de octubre dejan de operar debido a las malas condiciones meteorológicas. Otra cosa importante: mirad el tiempo ahí arriba antes de subir. Yo pagué el pastón y al llegar me encontré con que no se podía avanzar más de 100 metros debido a la enorme cantidad de nieve. No seáis como yo, comprobarlo antes. Eso sí, las vistas son alucinantes.
Día 3: Cortina d'Ampezzo y San Giovanni in Ranui
El tercer día estaba nublado y chispeando, así que decidimos hacer una ruta de 3 horas en coche para conocer Cortina d'Ampezzo y la famosa iglesia San Giovanni in Ranui. Por el camino paramos en varios lagos, pasos de montaña y en un bosque que nos gustó, en el que justo cuadró que había parado de llover y pudimos caminar un rato por sus senderos para estirar las piernas. Esta es otra de mis recomendaciones: cuando veáis algo bonito que no tenéis marcado en el mapa, parad a disfrutarlo.
La lluvia y volvió y, tras una carrerita al coche para no empaparnos, llegamos a Cortina d'Ampezzo. Este pueblito de montaña es conocido como la Joya de las Dolomitas y no es para menos: está ubicado en un valle rodeado de picos nevados y repleto de calles elegantes con tiendas, cafés y casas de madera de inspiración tirolesa. Es tan idílico que hasta se despejó y salió el sol.
Allí aprovechamos para tomar un cafecito calentito y hacer una comida homenaje en Il Vizietto di Cortina. Este restaurante es uno de los más famosos de la localidad y su carbonara me supo a gloria. Se puede reservar en su página web y recomiendo hacerlo, porque está como la guerra. Con la tripa llena, continuamos nuestro camino hacia la famosa iglesia.
San Giovanni in Ranui es una de las postales más icónicas de Dolomitas. Se trata de una pequeña capilla barroca de 1744 en mitad de un prado verde, con las cumbres de Odle como telón de fondo. Un templo diminuto en la inmensidad de las montañas, totalmente aislado y alejado de todo.
Día 4: las Tre Cime di Lavaredo
El punto álgido del viaje es sin duda la ruta a las Tre Cime di Lavaredo. Estos tres macizos son el símbolo de los Alpes italianos y una caminata preciosa para hacer muy preparado contra el frío. Partimos del refugio Auronzo, donde dejamos el coche para comenzar el recorrido. Tras 30 minutos llegamos al Refugio Lavaredo, para hacer una parada técnica y tomar algo calentito.
A partir de aquí el camino se complicó, con hielo en el suelo que hacía resbalar. Si puedes, lleva crampones para evitarlo, porque las tortas están aseguradas. Desde el refugio continuamos media hora más, hasta poder ver las tres cimas de frente. Sin embargo, no pudimos completar la ruta circular debido a la nieve. No pasa nada, aceptamos y disfrutamos.
Día 5: Lago di Braies y vuelta a casa
El vuelo de vuelta lo cogimos a última hora de la tarde, para poder aprovechar el último día al máximo. Fuimos al Lago di Braies, famoso por sus barquitas que puedes alquilar. Los precios varían en función de la empresa y la época del año, nosotros pagamos unos 55 euros por una hora. Había opción de media hora por 39 euros y la habríamos preferido, porque una hora con ese frío se hace largo.
Tras esta experiencia acuática, tocaba volver a la realidad. Cogimos el coche para salir de Dolomitas y llegar a Venecia, devolver el coche de alquiler y emprender camino a casa. Si te estás planteando hacer este viaje, no te lo plantes, hazlo. Es un viajazo.
Fotos | @joseassima, Wikipedia Commons, @pepatatas.
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