Este pueblo marinero entre Bilbao y San Sebastián es una joya para huir del calor en una escapada al norte

Puedes recorrerlo en una tarde o en una semana, porque este pueblo lo tiene todo

Pepa López

Editor Senior

Mientras todos se van a Galicia en busca de pueblos pesqueros, el País Vasco mantiene una de sus localidades marineras más tradicionales como si el tiempo no hubiera pasado por ella. Hablamos de Lekeitio, ubicado entre Bilbao y San Sebastián, en plena costa de Bizkaia. Un rincón privilegiado en la desembocadura del río Lea que lo ofrece todo: casco histórico mágico, playas preciosas y la comida vasca más exquisita.

Como buen pueblo pesquero que se precie y que siga haciendo alarde del estilo de vida marinero, el corazón de Lekeitio late en su puerto. La mejor postal de él la encontramos bajando por la calle Txatxo Kaia Kaia, una cuesta rodeada de fachadas de colores con balcones de hierro forjado que tiene el mar como telón de fondo, salpicado de barquitas meciéndose al ritmo del Cantábrico.

Todo el casco histórico conserva esa esencia marinera intacta, con una arquitectura que refleja siglos de vida aferrada al mar. Entre sus joyas patrimoniales destacan edificios como la mansión barroca Upa-Etxea, la Cofradía de Pescadores, el palacio de Oxangoiti, la iglesia de San José o la Torre de Turpin, una antigua fortaleza medieval del siglo XVI que reconvirtieron en vivienda.

Mansión de Upa-Etxea

Aunque todo el pueblo es majestuoso, hay un edificio que destaca por encima de todos los demás: la basílica de la Asunción de Nuestra Señora. Este templo, de estilo gótico vasco tardío, cuenta con una impresionante torre de 50 emtros y una portada gótica llena de detalles. Es imposible no verla, define por completo el perfil del pueblo.

Basílica de la Asunción de Nuestra Señora

Lekeitio también tiene unas playas de ensueño con una particularidad que las hace más especiales: cambian con las mareas, transformando su paisaje a lo largo del día e incluso desapareciendo por completo. La más conocida es la playa de Isuntza, una playa céntrica y familiar junto al puerto. Cuando la mar está baja aparece un camino de piedras que permite llegar a pie a la isla de San Nicolás, justo en el frente. En su día, este islote fue una colonia de leprosos, pero hoy ofrece unas vistas preciosas a todo el pueblo.

Hay otra playa más alejada e íntima, perfecta para los que buscan un entorno más tranquilo y privado. Es la playa de Karraspio, con más de 500 metros de arena. Sin embargo, la favorita es la playa La Salvaje, un arenal en la desembocadura del río que solo aparece en marea baja, rodeada de naturaleza verde y frondosa.

Playa La Salvaje

Para terminar esta visita idílica, nada como acercarse hasta el Faro de Santa Catalina, a media hora andando del casco antiguo. A su lado tiene una ermita y una antigua atalaya, pero el verdadero placer es ver al atardecer desde allí arriba, entre los acantilados salvajes de la costa vasca. No importa si vas a pasar el día o la semana, Lekeitio es un planazo.

Fotos | Expedia, Museo Guggenheim Bilbao, Turismo Vasco, Turismo Euskadi, Eusko Guide, JoseluBilbo.

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