El pueblo marinero de Cantabria perfecto para visitar en otoño: casas de piedra, buena langosta y un palacio épico

La experiencia gastronómica y la turística son insuperables

Pepa López

Editor Senior

Hay un rincón mágico en Cantabria donde las playas más hermosas se juntan con prados verdes, acantilados imponentes y un casco histórico en el que el tiempo se ha detenido, todo ello aderezado de una gastronomía exquisita donde la langosta es la reina. Se llama Isla y querrás quedarte para siempre, porque los turistas de verano ya se han marchado y ha recuperado su encanto.

Isla es hermoso mires donde mires. Para descubrirla, lo ideal es hacer la ruta del Camino de Quejo al Monte Cincho. Es una senda de cuatro kilómetros que lo abarca todo, desde la playa hasta el patrimonio histórico. Nace en la Playa del Sable, un arenal en pleno núcleo urbano de aguas tranquilas y protegidas del viento, tan turquesas que llenan los ojos. 

Playa del Sable

Desde la costa, el camino lleva hacia el interior. La primera parada es el palacio de los Condes de Isla, una construcción palaciega del siglo XVII con un precioso muro de sillería, torres adosadas y un patio central interior, algo muy poco común en la arquitectura típica cántabra. Está rodeado de una muralla con almenaras y declarado Bien de Interés Cultural de Cantabria. 

Palacio de los Condes de Isla

A su lado está la preciosa iglesia de San Julián y Santa Basilisa, un templo del siglo XVII que se alza sobre un cerro, coronando toda la villa de Isla y dándole un aspecto medieval muy épico a todo el pueblo. De ahí vamos a la Torre del Rebollar, una fortificación defensiva medieval levantada en una colina con vistas a todo el paisaje costero de Isla, incluyendo a la coqueta ermita de San Roque del siglo XVII. 

Iglesia de San Julián y Santa Basilisa

Un esfuerzo más nos lleva al monte Cincho, al que podemos subir por varios senderos para tener una vista panorámica de toda la localidad y el litoral. Justo en sus faldas está el Ecoparque Trasmiera, un entorno mareal que alberga joyas como el Molino de Santa Olaja del siglo XIV o la Casa de las Mareas, un espacio dedicado a explicar el valor ecológico y medioambiental de estas marismas. 

Molino de Santa Olaja

Tras semejante pateo toca sentarse a comer y la experiencia gastronómica va a estar al mismo nivel que la cultural. Isla bebe de tradiciones del mar y del huerto, destacando su langosta, una de las más famosas de España, los pimientos y los tomates que van directos de la tierra al plato. Vaya colofón para esta escapada de otoño. 

Fotos | Turismo de IslaTurismo de Cantabria

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