Sus 50 habitantes quieren la independencia, con matices
Cuando pensamos en islas españolas, nuestro imaginario se va directo a los paraísos de Canarias y Baleares, dejando siempre fuera un diminuto islote del Mediterráneo: Tabarca, la isla habitada más pequeña de España. Sin embargo, este pequeño núcleo alicantino viene a hacerse oír, porque sus 50 habitantes quieren la independencia, con matices.
Tabarca solo tiene medio centenar de vecinos residentes en sus pueblitos de casitas encaladas, aguas turquesa y sosiego mediterráneo. Sin embargo, cuando se acerca la temporada estival ven como sus calles encantadoras se saturan con turistas que masifican los servicios públicos, generando problemas que quedan sin resolver en el embudo administrativo del Ayuntamiento de Alicante. Por eso piden convertirse en una Entidad Local Menor, para poder gestionar ellos mismos estos inconvenientes.
Los responsables de este plan son la Asociación de vecinos Tabarca Isla Plana, que llevan más de diez años denunciando las deficiencias en diferentes puntos gubernamentales: el transporte marítimo del que la isla depende para todo, el mantenimiento del patrimonio, el servicio de limpieza o la sanidad son algunos de los más urgentes. Y es que a Tabarca le ocurre como a muchos otros pueblos turísticos: es un escaparate para veranear que esconde una realidad muy compleja para los verdaderos locales.
El barco como único nexo con tierra firme
Tabarca está rodeada de mar por todas partes, así que el barco se convierte en el único medio de transporte para comunicar la isla con la península. Esta dependencia se complica durante temporales o mala mar, cuando sus vecinos quedan aislados y no pueden acudir a Alicante a hacer trámites tan básicos como ir al médico o comprar suministros.
El turismo es su ami-enemigo
La economía de esta isla alicantina se sostiene, en gran parte, gracias al turismo. En temporada alta, Tabarca recibe entre 3000 y 5000 visitantes diarios que pasan el día en sus calas y restaurantes, generando ingresos para los negocios locales. Esta entrada viene bien, pero el pueblo no está acondicionado para abarcar a tantísima gente. No hay baños, no hay transporte público (a pesar de que se aprobó en las Cortes Valencianas en 2018), no hay la insularidad que los residentes puedan tener descuentos, no hay zonas de descanso y no hay una gestión de residuos acorde al volumen de personas.
Tabarca es un laberinto burocrático
El problema de Tabarca es que depende de demasiadas administraciones, lo que convierte cualquier mejora en un laberinto de burocracia. En su gestión intervienen el Ayuntamiento de Alicante, la Generalitat Valenciana y el propio Estado, por lo que los permisos de reparación, mejora o nuevas medidas se ralentizan en un embudo de diferentes organismos.
Sin embargo, si los vecinos consiguieran el título de Entidad Local Menor podrían romper este círculo vicioso de permisos que se pierden en el largo camino de la burocracia española. Con este reconocimiento, obtendrían una junta vecinal propia y un alcalde pedáneo, que les permitiría gestionar servicios primarios de forma directa, acceder a ayudas públicas y a fondos europeos sin tener que pasar por las estructuras municipales alicantinas.
De esta forma, podrían comenzar a cubrir los gastos de mantenimiento del patrimonio, que en Tabarca es mucho y muy especial. La isla entera fue fortificada por Carlos III y estos monumentos requieren conservación constante, porque estando en el mar se estropean más rápido. Con este avance podrían embellecer sus rincones y ofrecer al turista una experiencia cultural, más allá de playas y gastronomía mediterránea.
Fotos | Comunitat Valenciana.
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