Un refugio de pescadores tradicional y encantador donde las calles aún son de arena
No hay nada como viajar por nuestro propio país y seguir sorprendiéndonos con todo lo que tiene que ofrecer. A mi me gusta alejarme de las grandes urbes y tirar hacia la costa en busca de pueblitos encantadores. Así fue como di con un refugio de pescadores tradicional con calles de arena y vida marinera, mientras buscaba el que llaman el mejor caldo de pescado de Canarias.
Puertito de la Cruz es el pueblo más al sur de toda la isla de Fuerteventura y está ubicado donde nadie espera encontrar nada. Conduje sin parar y, cuando la carretera terminó, seguí avanzando por caminos de tierra durante 20 kilómetros. Y allí, rodeado de acantilados feroces y paisajes desérticos, encontré un reducto marinero de unos 40 habitantes detenido en el pasado.
Este caserío majorero se mantiene ajeno al paso del tiempo, a las nuevas tecnologías o a la masificación turística de la isla. Sus vecinos viven como se hacía antes, con depósitos de agua que se rellenan con camiones cisterna y luz solar, porque ni los servicios básicos llegan hasta aquí abajo. Quizá, gracias a esta desconexión, han logrado salvaguardar el encanto marinero del lugar.
Puertito de la Cruz mantiene la arquitectura tradicional canaria, con casas bajas encaladas y puertas y ventanas en verde y azul. Se encuentra ubicado dentro de un paisaje protegido y es ideal para pasear sin rumbo por todos sus rincones, disfrutando de la brisa marina y del sonido de las olas rompiendo contra las rocas. Así descubrí los aparejos de pesca en cada esquina, sus comedores improvisados al aire libre o los tendederos de madera pegados al mar.
Todas las casas, cabañas de pesca y terrazas están orientadas hacia el mar y no me extraña nada. Esta costa es de las más hermosas de la isla, situada en un punto estratégico donde la costa se dobla ligeramente y deja ver el faro de Jandía en el horizonte. Este punto es muy especial: allí confluyen las corrientes de Barlovento y Sotavento, creando olas cruzadas muy poco comunes de ver.
El pueblo entero está ubicado en lo alto de un acantilado, pero dando un paseo por el borde encuentras callejones y escalinatas que conducen hasta la playa que hay justo debajo. De esa forma, se puede acceder con seguridad y disfrutar del solecito. Incluso en diciembre hace buen tiempo y había gente dándose un baño, aunque el océano Atlántico está bastante frío.
Todo el camino de tierra que lleva hasta Puertito de la Cruz tiene desvíos para llegar a playas desiertas, salvajes y vírgenes a las que casi nadie sabe llegar. Pero el propio pueblo tiene una preciosa y muy variable: cuando baja la marea es de arena y cuando sube, se crean charquitos entre las rocas ideales para bañarse.
Tras este paseo el hambre aprieta y vamos a lo que veníamos desde el principio: a probar el auténtico caldo de pescado majorero en el que dicen que es el mejor restaurante de la isla para hacerlo. Se llama Punta de Jandía y te lo sirven directamente en la olla, con una ración tan generosa que pueden comer cuatro personas. Además, lo acompañan de gofio escaldado y mojo picón.
Estaba espectacular y me dieron lo que sobró para llevar, así que ya tengo cena para tres días con tremendas raciones enormes. Calentito, reconfortante, acompañado de papas...un plato de cuchara casero que merece la pena todo ese viaje en coche.
Fotos | @pepatatas.
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