Es como Cadaqués sin turistas: el pueblo pesquero perfecto que mantiene su esencia y solo conocen expertos viajeros

Esta localidad solo está a dos horas de Barcelona, pero aún conserva su alma marinera

Pepa López

Editor Senior

Para disfrutar del Mediterráneo sin masificación hay que conocer los rincones más secretos. Mientras todos los turistas se van a Cadaqués e inundan sus calles, los conocedores de la zona apuestan por otro pueblito cercano igual de bonito, pero mucho más vacío. Se llama El Port de la Selva y mantiene su encanto marinero intacto.

El Port de la Selva está al norte de la Costa Brava, en un entorno natural que es una joya para los amantes de la naturaleza, escondido entre la Serra de Rodes y el Parque Natural de Cap de Creus. Esta localidad solo está a dos horas de Barcelona, pero aún conserva su alma marinera, con casitas blancas encaladas, playas vacías, barracas de pescadores y calas desconocidas.

El pueblo en sí está pegado al mar, con un puerto donde los pescadores locales aún salen a faenar cada día. Las callejuelas son estrechas y empedradas, todas rodeadas de fachadas blancas y diseño mediterráneo muy sencillo. Por encima de los tejados destaca el campanario de la iglesia de Santa María de les Neus, una joya patrimonial del siglo XVIII que recibe a los visitantes con su estilo sobrio.

Fuera del casco antiguo, en lo alto de la sierra, se levanta el monasterio de Sant Pere de Rodes mirando al mar, con su arquitectura románica procedente del pasado medieval catalán. Muy cerca está también la iglesia de Santa Helena, pequeña y prerrománica. Y, aprovechando que estás en lo alto, no te pierdas el mirador de los Tres Cañones al atardecer, cuando la bahía, las fachadas encaladas y el mar se tiñen de dorado.

Cala Tamariua

Arquitectura a parte, lo más hermoso que tiene El Port de la Selva es su costa, por supuesto. Las playa de la Ribera es la playa del pueblo, pero siempre está tranquila y poco concurrida. Además, cerca del núcleo urbano hay calas paradisiacas de aguas cristalinas como la Cala Cativa o Cala Tamariua, a las que se llega por el Camí de Ronda, caminando entre pinares.

Otra de sus calas más cercanas, Cala Prona, es la prueba de que aún quedan tesoros desconocidos en la costa más masificada de toda España. Este rinconcito, con su barraca de pescadores adosada en la propia roca y aún operativa, es una muestra de que la vida marinera tradicional sigue viva en este lugar.

Fotos | @elportdelaselva, Turismo en Catalunya, Au Sud des Pyrénées.

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