
Un estudio preliminar muestra que las personas mayores que evitaron comer antes de acostarse obtuvieron mejores resultados en pruebas de resolución de problemas
Todos hemos escuchado que lo que comemos importa. Pero, ¿y si es el 'cuándo' igual de decisivo para mantener la mente ágil con los años? Un nuevo estudio piloto presentado en la reunión anual de la Sociedad Americana de Nutrición, celebrada en Maryland sugiere justo eso: comer dentro de una ventana de nueve horas al día y dejar de picar cuatro horas antes de dormir podría ayudar a frenar el deterioro cognitivo en la vejez.
La investigadora Sue Shapses, científica nutricional de la Universidad de Rutgers, reclutó a 47 mujeres de entre 50 y 79 años con sobrepeso u obesidad. Durante seis meses, todas redujeron 500 calorías diarias de su dieta, pero se dividieron en dos grupos: 26 mujeres comían solo dentro de una ventana de nueve horas, típicamente entre las 10:00 y las 18:00,; y el resto repartía sus comidas a lo largo de unas 12 horas.
Al cabo de seis meses, ambos grupos perdieron una cantidad de peso similar (alrededor de 7 kilos). La sorpresa llegó en los test cognitivos: quienes habían comido dentro del horario restringido rindieron mejor en pruebas de planificación espacial y resolución de problemas, y mostraron indicios de cometer menos errores en tareas de memoria y aprendizaje.
Según explicó Shapses, perder peso por sí solo ya ayuda a frenar el deterioro cognitivo asociado a la edad, pero limitar la ingesta a 8-9 horas diarias y evitar comer en las horas previas a dormir parece aportar un beneficio extra frente a la ventana habitual de 12 horas.
¿Por qué importaría el horario y no solo las calorías?
Los propios autores califican los resultados de "modestos" y advierten que se trata de un estudio piloto: la muestra es pequeña y los hallazgos aún no han pasado por el proceso completo de revisión por pares que exige una publicación científica formal. Aun así, abre una pregunta interesante que el equipo planea investigar a fondo: la posible interacción entre los ritmos circadianos, el metabolismo y la inflamación como explicación de por qué el momento de comer afectaría al cerebro.
La profesora Wendy Hall, del King's College de Londres, coincide en que la idea es plausible: comer dentro de una ventana horaria reducida podría beneficiar la salud cognitiva de personas de mediana edad y mayores con sobrepeso, no solo por el control del peso, sino porque evitar comidas copiosas a última hora de la noche puede mejorar el control del azúcar en sangre, la función vascular y la inflamación.
El contexto: comemos durante demasiadas horas al día
En países como el Reino Unido o Estados Unidos, es habitual comer a lo largo de 14 horas del día, dejando solo 10 horas de ayuno nocturno. Sin embargo, otras investigaciones apuntan a que alargar ese ayuno nocturno trae beneficios claros: un estudio publicado en enero de este año encontró que terminar de comer antes de las 19:00 se relacionaba con mejoras notables en el peso corporal, el índice de masa corporal, la circunferencia de cintura, la presión arterial y otros marcadores de salud metabólica.
Este hallazgo no es un caso aislado: otras líneas de investigación en curso están explorando el mismo terreno. Por ejemplo, un ensayo en marcha estudia si una ventana de alimentación de 10 horas puede mejorar la función vascular y cognitiva en adultos mayores, mientras que una revisión sistemática reciente sobre ayuno intermitente y salud cognitiva en personas mayores encontró resultados prometedores, aunque también reclama más estudios de calidad para confirmarlos.
Todavía es pronto para hablar de una fórmula definitiva contra el deterioro cognitivo, pero este estudio suma una pieza más a un rompecabezas cada vez más consistente: el momento en que comemos podría influir en nuestra salud tanto como la calidad de lo que ponemos en el plato.
Mientras la ciencia confirma estos hallazgos con ensayos más amplios, adoptar una ventana de alimentación más corta y evitar las cenas tardías es un cambio de hábito sencillo, de bajo riesgo y respaldado por evidencia creciente, que además suele venir acompañado de otros beneficios metabólicos ya conocidos.
Foto de Louis Hansel en Unsplash
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