Tienes muchos amigos en Facebook, pero ¿verdad que muchas veces te sientes solo?

Tenemos la impresión de que estamos más “conectados” que nunca gracias a Facebook, Twitter, WhatsApp, Tinder o Snapchat… pero, entonces ¿por qué cada vez hay más solitarios?

Ana se levanta cada mañana, desayuna, se ducha y se sienta a teletrabajar frente al ordenador. A veces pasan seis, siete, ocho horas sin que prácticamente se dé cuenta. Sin apenas levantar la vista de la pantalla. No sólo le da duro al teclado, no es una adicta al trabajo. Cada dos por tres hace parones para comentar algo a través del chat interno de su empresa, ojea su timeline de Twitter, intercambia un par de opiniones e incluso mantiene un par de conversaciones paralelas por diferentes vehículos: WhatsApp, en un chat de Google, en otro de Facebook, mensajes directos de Twitter...

Y sin embargo, lleva todo el día sin cruzar una palabra de verdad con nadie. Ni una mirada. Ni siquiera un gesto.

Un estudio reciente realizado por la Mental Health Foundation en el Reino Unido descubrió que una amplia mayoría de los encuestados de entre 16 y 30 años se sentía hasta cuatro veces más solo que los entrevistados que superaban la barrera de los 50.

Sí, increíble. Cuatro veces más solos que nuestros mayores.

A pesar de estar todo el día pegados al móvil.

A pesar de los múltiples WhatsApp (según ese mismo estudio, unos cuarenta al día).

A pesar de una media de 338 amigos en Facebook (más datos del estudio).

Cualquiera diría que esa conexión es ficticia y que lo único real es la soledad, una soledad que cada día crece más, como una epidemia contagiosa.

Tenemos la impresión de que las redes sociales nos abren vías para conectar con otras personas, pero a la hora de la verdad no son sustitutas de una auténtica relación humana y puede que incluso se produzca el efecto opuesto, tal y como descubrieron Kraut y su equipo en un estudio cuyas conclusiones podéis leer en este interesante artículo.

Tendemos a considerar las redes sociales como refugios seguros para relacionarnos con los demás, valoramos su facilidad para conectar con gente con la que compartimos intereses y para acercarnos a ellos, incluso cuando nos separan kilómetros de distancia, pero en el ciberespacio resulta difícil saber si la persona que hay al otro lado es de verdad.

Relaciones que se quedan en la superficie.

Los expertos dicen que por eso una conexión a través de Internet jamás puede sustituir a una real.

Y sin embargo, por culpa de las caóticas vidas que llevamos, tendemos a confiar en las redes sociales ese aspecto tan importante de nuestras vidas en vez de seguir el camino tradicional. Por ejemplo, otro estudio de la Royal Society Open Science descubrió que hasta los 25 años priorizamos la amistad, pero que a partir de esa edad, cuando nos lanzamos de cabeza al mundo adulto y nos embarcamos en relaciones de pareja, promociones laborales y soluciones para pagar la hipoteca dejamos de cuidar eso que hasta entonces era lo más importante.

Y entonces nos pasa como a Beatriz, una diseñadora que se mudó desde Orense a Madrid con 28 años: “me gradué de la Universidad con buenas notas y una oferta de trabajo y cuando aterricé en Madrid estaba tan centrada en mi carrera profesional que no tuve tiempo de hacer amigos y pensé que me bastaría con mantener el contacto con mi pandilla de siempre a través de Facebook”, explica. “Seis meses después me di cuenta de que me pasaba todo mi tiempo libre totalmente sola. Es más, que me sentía tremendamente sola. Me había presionado a mí misma tanto para estar a la altura en el trabajo que había olvidado todo lo demás”.

A Beatriz muchos de sus amigos le siguen mandando mensajes por WhatsApp o por Facebook todo el tiempo. “Pero no es lo mismo que verlos en persona”, reconoce, “sobre todo los fines de semana, cuando no tengo nada que hacer y la casa se me cae encima”.

Estas experiencias no equivalen a la amistad real.

Los expertos insisten en que estar constantemente conectados no es lo mismo que conectar y que el cara a cara sigue ganando a Facebook por goleada (o al menos, eso dice este estudio de la Universidad de Oxford). Ni jamás lo será, especialmente porque el contacto online es una ilusión al reducirse los efectos del contacto cara a cara y no tener en cuenta elementos claves en la comunicación como el contexto, el lenguaje no verbal y el acercamiento físico.

El psicólogo y profesor de Psicología Social Fernando Rodríguez Mazo nos comenta que lo más interesante de "las redes sociales online es que exigen al cerebro (un cerebro que se formó lentamente hace 200.000 años) que nos saltemos todo lo que él suele buscar para la interacción social: ver, tocar, escuchar, crearnos impresiones de los demás a partir del cara a cara... Así que ahora forzamos al cerebro a esta nueva forma de relacionarnos, y no siempre lo hace muy bien, por lo que podemos frustrarnos muchísimo."

Respecto a la soledad y su importancia para la salud, Fernando Rodríguez Mazo nos habla de la investigación llevada hace unos meses por John Cacioppo y los cambios a nivel genético que podrían provocar la soledad. Según sus conclusiones en las personas que se sienten solas los genes relacionados con el sistema inmunitario se expresan de forma que lo debilitan ante las posibles infecciones.

"Pero la relación entre redes sociales y bienestar o malestar por estar solo no es directa" insiste este psicólogo, "sino que hay otras variables implicadas que explican si una persona sin amigos reales se va a sentir peor o mejor por estar todo el día en Facebook."

Aunque hay excepciones, como en todo, así que no se puede afirmar que toda red social te lleve impepinablemente a la soledad, o que quienes están solos en la vida real se vayan a separar más del cara a cara por estar conectados a Facebook todo el día. De hecho, hay estudios que defienden que pueden ser una buena forma de conectar socialmente al desconectado: "se ha descubierto que para las personas sin amigos, porque tiene miedo a las relaciones cara a cara (por ejemplo porque le hayan acosado), o porque vivas aislado, esa conexión a las redes sociales online es muy positiva y se sienten socialmente conectados", nos comenta Fernando Rodríguez Mazo.

Los profesionales insisten de todas formas en que no podemos confiar esta parte tan importante de nuestra vida en las redes sociales: “es un poco deshumanizador. De siempre hemos conocido gente con la que hemos compartido intereses, hemos quedado para tomar algo, los hemos llamado y hemos participado en actividades con ellos. Sentarse delante de una pantalla a mandarse mensajes el uno al otro le quita todo el componente emocional.”

Así que quizá la solución es bastante más fácil de lo que nos imaginamos, aunque ahora mismo nos parezca una locura: dejemos de mirar la pantalla de nuestros móviles y salgamos a la calle a juntarnos con gente de verdad.

Fotos: Unsplash.com

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