Cristina López Barrio, finalista del Planeta: «quería hablar del conflicto entre la seguridad y la libertad que tienen muchas mujeres»

Era abogada, pero en el año 2010 decidió dejar todo y hacer una apuesta arriesgada: vivir por la literatura y de ella, una labor heroica en un país en el que los índices de lectura siempre están muy por debajo de los de nuestros vecinos europeos.

Su primera novela, La casa de los amores imposibles, se publicó en Plaza y Janés con gran éxito y se editó en 20 países. También ha publicado El cielo en un infierno cabe y Tierra de brumas. Con Niebla en Tánger ha dejado de ser una autora revelación para convertirse en una de las autoras más mediáticas de España.

No todos los días tenemos la suerte de entrevistar a la finalista de un Premio Planeta, el premio literario más mediático y mejor dotado de España. Así que la primera pregunta que se nos viene a la cabeza después de abrazar a Cristina López Barrio en nuestro encuentro en el hotel Room Mate Oscar de Madrid y felicitarle por la hazaña conseguida con su novela Niebla en Tánger es si se esperaba el premio y, sobre todo, si había estando ensayando frente al espejo del baño el discurso de aceptación.

Tú sabes que estás entre los diez finalistas -nos responde tras unos segundos de risas ante lo inesperado de la pregunta- Y vas a Barcelona a la gala con la esperanza de que entre esos diez pueda la cosa salir bien. Así que echas un vistazo a los ganadores de las ediciones anteriores y te dices “ah, parece que dicen algo”. Así que te preguntas “bueno, ¿y yo qué diría?”. Mira, me viene ahora la imagen de mí misma cuando era pequeña, pintándome los labios de rojo con el carmín de mi madre, que me encantaba el cine, y me ponía a hablar frente al espejo del baño hablando como si fuera una actriz a la que le estaban entrevistando. Bueno, pues no llegué a eso en este caso. No, no me puse delante del espejo a hablar, pero sí que lo piensas, especialmente cuando conduzco, que es cuando yo pienso más, o cuando vas andando por la calle: “¿te imaginas? Y entonces, ¿qué dirías? Ah, pues yo hablaría de esto y de este otro. Entonces te montas la imagen”

Niebla en Tánger es una bella historia de amor y misterio en una ciudad cosmopolita y mágica que transcurre en dos épocas diferentes. Por un lado, estamos en el año 1951, año en el que Paul Dingle desapareció en el puerto de Tánger sin que se llegara a saber qué fue de él. Sesenta y cuatro años después, Flora Gascón sospecha que es el mismo hombre con el que ha tenido una aventura en Madrid y del que se ha enamorado. El nexo entre ellos: Niebla en Tánger, la novela que Paul tenía sobre su mesilla de noche. Flora emprenderá un viaje para descubrir qué misterio oculta su amante, pero también es un viaje para descubrirse a sí misma.

¿Cuál es el germen de Niebla en Tánger?

El germen es contar la historia de una mujer que acaba de cumplir los cuarenta. Una etapa que está marcada, por un lado, por el reloj biológico y la maternidad y segundo por la recapitulación. Porque yo creo que se se trata de una etapa de recapitulación en la que nos preguntamos qué ha sido de nuestros ideales y de nuestras ilusiones de cuando teníamos veinte años. Han pasado otros veinte años y qué ha sido de todo eso. Mi protagonista es una mujer que tiene un matrimonio rutinario, en el que no es feliz.

"Me interesaba hablar sobre el conflicto que se crea, sobre todo en las mujeres, entre la seguridad, la comodidad y la libertad."

Un matrimonio que no funciona, pero que tampoco sabe cómo romper. Me interesaba mucho hablar sobre este conflicto que muchas veces se crea sobre la seguridad, la comodidad y la libertad. Sobre todo en las mujeres. Es verdad que muchas veces las mujeres se ven atadas por responsabilidad económicas y familiares. En el caso de mi personaje, ella no tiene hijos, pero considera ese matrimonio como su última oportunidad para ser madre y quiere serlo. Hasta que en un momento llegará a un punto en el que se preguntará “¿quiero ser madre o quiero tener un hijo de mi marido realmente?”. Y ahí es donde ella tiene que ser valiente y decidir.

Flora Gascón, mi personaje, tiene una psicoanalista argentina que la atiende por Skype y le dice “bájate al castillo”, que significa que se mire a sí misma. Ella le dice que tiene en el corazón como una escalera de caracol que desciende hacia lo más profundo de nosotros. Y le dice que su verdadero yo está en una mazmorra llorando porque no es quién es. Porque no lleva la vida que quiere llevar. Por eso le dice “bájate al castillo y libera a esa presa que eres tú y llevas dentro”. También le dice “en vez de viajar a Tánger en busca de un misterio y de un desconocido, búscate a ti misma dentro de ti”.

¿Qué peso tiene la libertad de la mujer en el argumento de tu novela y en el viaje de Flora respecto a otras de tus protagonistas, que vivían en épocas pasadas?

Es cierto, es la primera vez que me atrevo con la época contemporánea. Hay una diferencia fundamental para empezar: esas otras novelas requieren de un gran proceso de documentación, aunque en la novela que transcurre dentro de la novela de Niebla en Tánger también lo ha necesitado.

Es verdad que, por ejemplo, en La casa de los amores imposibles, que transcurre entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, podemos ver cómo las mujeres hemos conquistado mucho terreno: en nuestra libertad, en el trabajo, en el amor, etc. Antes era raro la mujer que trabajaba o que estudiaba en la universidad, como ahora. Pero creo que todavía socialmente hay un determinado camino marcado. Por ejemplo, la mujer tiene que ser madre, las que no lo quieren ser reciben la presión de por qué no lo son, etc.

"Mi personaje, Flora Gascón, es una mujer que tiene un fuego dentro que no sabe qué hacer con él"

Creo que la clave es la independencia económica, porque cuando una mujer tiene independencia económica es más libre y tiene menos miedo a dar el salto.

También es cierto que hay personas que tienen esa independencia y siguen teniendo miedo a saltar, muchas veces porque tenemos miedo a defraudar a esa gente que nos quiere, como son nuestros padres. Porque vivimos esa vida que se espera de nosotros y no la vida que queremos para nosotros.

Romper la tradición cuesta, aunque muchas veces somos nosotras, las mujeres, las que nos imponemos esos límites. Hay muchas mujeres que son machistas, por ejemplo. Esta es una novela en la que la protagonista rompe los límites con todas sus consecuencias: ni es fácil y tiene una repercusión.

Flora tiene una aventura: ¿cómo vivimos las mujeres esas aventuras fugaces?

En el caso de Flora hay un antes y un después de la aventura. Primero, porque es una mujer que está metida en este matrimonio rutinario en el que está cómoda, porque su marido le trata muy bien, pero en el que también hay un terror: el terror a que no pase nada.

Hasta que le pasa algo que lo cambia todo, algo que nos pasa a veces a las mujeres: nos volvemos a sentir deseadas. No es que necesitemos a un hombre para sentirnos más mujeres, pero cuando estás atrapada en un matrimonio en el que ya no hay pasión ni deseo las preguntas son inevitables: “¿es que ya no te gusto? ¿Es que he engordado? ¿Estoy más fea, más vieja, ya no me quieres?”. Esas inseguridades, que parecen muy propias de la mujer, están ahí. Cuando lo que deberíamos pensar es: “pues si te parezco gorda y ya no te gusto, adiós”, pero Flora tiene esa gran inseguridad.

Hasta que encuentra a un desconocido, guapísimo, con unos ojos azul cobalto increíbles y él se la liga. Y tiene una aventura en un hotel, una aventura que le hace sentirse muy deseada. No es que ella en ese mismo momento tenga una autoestima muy brillante que digamos, pero eso le da el empuje de resurgir. Este error que muchas veces cometemos de vernos a través de los demás. Que la autoestima es en realidad cómo te ves tú en los ojos de los demás, como dicen mis amigos psicólogos.

Mi personaje es una mujer que tiene un fuego dentro que no sabe qué hacer con él. Ella no hace más que apagar,apagar y apagar, echando ceniza hacia dentro. Y una vez que vive esta aventura ella ya no puede volver atrás. Esa llama encendida hace que toda su vida anterior parezca gris y oscura.

Luego Flora encuentra un libro que estaba leyendo su amante y, cuando él no aparece en la segunda cita, busca algo que le una, así que se compra el libro que estaba leyendo. Así es cómo descubre que su amante es el protagonista de la novela. Que él es un personaje que desapareció en el puerto de Tánger hace más de sesenta años y nunca se supo qué fue de él.

Un amante misterioso, que desaparece como el viento, que seduce a una mujer, que vuelve a desaparecer y además no envejece. Es una especie de Dorian Grey, de una belleza turbadora, un poco demoníaca, algo que me gustaba atribuirlo a un hombre porque parece que somos siempre las mujeres el súcubo, las seductoras malignas.

La protagonista se obsesiona con aquel hombre. ¿Cómo se sabe si una obsesión es mala y hay que parar?

Yo creo que toda obsesión llegado a cierto punto es mala, sobre todo porque hacemos sufrir mucho. Te produce un sufrimiento grande porque focalizas en eso que te obsesiona y no eres capaz de ver lo demás. Eres muy parcial en lo que ves.

En el caso de Flora, esa obsesión que tiene es una excusa. Hay unos versos de Ítaca de Kafavis, que habla de Ítaca como un ideal, hay que emprender un viaje largo para descubrir ese destino. Para Flora este hombre es su Ítaca, pero el poema dice que lo que importa es el viaje. Y es verdad: ella se obsesiona con el hombre, pero en realidad es una excusa para huir, para romper, para hacer algo que hasta ahora no se había atrevido a hacer.

¿Cómo describirías tu novela?

Niebla en Tánger es un viaje psicológico por el corazón de Flora y de Marina, que es la protagonista del libro que se estaba leyendo su amante. Hay un viaje físico, por eso en la novela se habla también de lo exótico, de los olores, las especias, la fantasía y, en definitiva, de una ciudad fascinante, como es Tánger. Pero también es un viaje que te ayuda a descubrirte a ti misma.

También hay una trama policíaca, porque hay una desaparición de un hombre, Paul Dingle, que no sabemos muy bien de dónde ha salido y qué ha pasado con él.

"Niebla en Tánger es una novela en la que se emprende un viaje físico, al exótico Tánger, pero también un viaje psicológico. Además hay una trama policíaca y una historia de amor y de desamor."

Y, por último, es una novela sobre el amor y sobre el desamor. Una novela de búsqueda de identidad. El viaje del héroe clásico. Un héroe que deja su hogar y atraviesa todo tipo de conflictos y vicisitudes, se encuentra con un villano y al final regresa a su hogar con la ambrosía y una evolución.

Hemos leído que el proceso creativo te llevó un año. Durante ese tiempo ¿pudiste leer a otros autores para desengancharte de tu historia?

Leer novelas relacionadas con el tema me inspira muchísimo y me ayuda. Una de las novelas clave ha sido La vida perra de Juanita Narboni de Ángel Vázquez, que también fue Premio Planeta (por su novela Se enciende y se apaga una luz.) Me ha ayudado muchísimo porque retrata el Tanger más internacional.

Gracias a ella descubrí lo que era el Aisha Kandisha, que también aparece en mi novela. Un personaje mitológico del folclore judío sefardí. Es muy interesante, porque es un ser a la que las mujeres piden ayuda y viene para llevarse a los hombres. Aparece en estas noches del viento de Levante que hay en Tánger, tiene patas de cabra y el torso femenino. Es muy bella, un poco súcubo. Tanto musulmanas como cristianas acudían a ella cuando querían que se llevara a un hombre. En la novela juego un poco entre la realidad y la fantasía: ¿y si a Paul Dingle se le ha llevado el Aisha Kandisha porque una mujer se lo pidió?

¿Cuáles son tus tres novelas imprescindibles?

No tengo duda de que una de ellas es Cien años de soledad (de Gabriel García Márquez). La leí con 17 años y hubo un antes y un después. Yo descubrí a García Márquez y me marcó tanto que a lo largo de mi historia como escritora muchas veces me dicen que estoy cerca del realismo mágico. Y es verdad, porque me encanta y me transmite toda esa belleza sensorial y emocional que te lleva a las ideas y reflexionar.

Otra novela que me marcó fue Pedro Páramo de Juan Rulfo. La estructura me dejó fascinada.

Y me ha marcado mucho la lectura de Drácula de Bram Stoker. Yo soy un poco gótica, amante del romanticismo. Me pareció increíble cómo está contada, la estructura que tiene, que es como un diario en el que mezcla cartas, desde el punto de vista de varios personajes… Leí la mitad de un tirón y luego no podía dormir, me dejó fascinada.

¿Y ahora qué libros hay en tu mesilla?

Me encanta leer antes de dormir, creo que te ayuda a relajarte. Acabo de terminar de leer a mi compañero, a Javier Sierra (ha ganado el Premio Planeta con El fuego invisible).

Y ahora estoy leyendo Sapiens, porque me gusta mucho leer ensayo, de Yuval Noah Harari, un profesor de la Universidad de Jerusalén. Es fascinante, te habla del poder que tienen las historias y de la evolución cognitiva del hombre primitivo y del salto a partir del cual comenzamos a creer en cosas que no vemos. De ahí surgen las historias. El hombre necesita las historias para mitigar la angustia de estar vivo. Si no hubiéramos tenido tener las historias para ordenar el caos del mundo, nos hubiera sido más difícil soportar la angustia y comprender el hecho de estar vivos. Es un libro precioso porque está muy conectado con lo que significa contar historias.

¿Y los personajes femeninos literarios que más te inspiran?

Ya sé que no es un personaje literario, sino real, pero Mary Shelley me fascina. Es una escritora, pero me parece que tiene una historia fascinante. Fue la primera mujer que se ganó la vida como escritora. Además, tuvo una vida extraordinaria: ella se enamora con 17 años de Percy Shelley, que estaba casado.

Imagina qué vida, fugarse en aquella época, con 17 años, con un hombre casado. Luego tuvo no sé exactamente cuántos hijos, pero solo vivió uno. Ella es un personaje literario, con toda esta historia de aquella apuesta con Shelley, John Polidori y Lord Byron para ver quién escribía el cuento más terrorífico.

Llevas desde el año 2010 dedicándote profesionalmente a la escritura, ¿alguna vez has pensado en tirar la toalla o volver a tu carrera profesional anterior?

Es muy difícil vivir de esto. Y muy inestable. Es un riesgo. A veces te va bien y otras no, depende del libro. Fue un salto arriesgado el dejar el derecho. Escribir fue lo que yo quise desde siempre, estudié derecho por tradición familiar, pero es una profesión que a veces echo de menos: buscar una línea de defensa, buscar jurisprudencia, la carga de adrenalina de ir a los tribunales… Pero llegó un momento en el que combinar las dos cosas era muy difícil y aposté por lo que siempre quise.

"Fue un salto arriesgado dejar el derecho, pero escribir es lo que quise hacer desde siempre."

Este premio me va a ayudar muchísimo, porque hay muchos lectores que se van a acercar a mí por ser Finalista del Planeta. Este premio tiene una cobertura de medios maravillosa, es la oportunidad de que me lean, les guste, se acerquen a otras novelas...

¿Cómo se prepara uno psicológicamente para una promoción como la del Premio Planeta?

Estoy muy contenta porque cuento con algo que ya para empezar me va a ayudar mucho, que es mi compañero. He encontrado en Javier Sierra una persona encantadora, cercana, cálida, divertida… y eso ayuda mucho. Si tú inicias esta locura, que es una gira que dura hasta el 30 de noviembre, al lado de alguien con el que tienes que estar pero no hay un feeling es más duro.

Pero estoy deseando empezar la gira, primero porque es muy bonito el ir llevando tu libro a todos sitios, aunque es agotador. Pero también por compartirla con una persona tan estupenda como Javier. Eso ayuda. Y con el equipo de Planeta, que es maravilloso y cercano, amable y encantador. Entre todos se crea un ambiente muy bueno y no cuesta tanto. Y es para algo tan bonito, al final. Así que hay que luchar contra ese cansancio y disfrutar de ello.

Fotos| Planeta, Pexels.com, Wikipedia

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