Grandes Encuadernaciones en las Bibliotecas Reales (S. XV – S. XXI)

Impresionada estoy de la estupenda Exposición que he visitado en el Palacio Real de Madrid. En plena era de las pantallas digitales nos dejan estupefactos las increíbles encuadernaciones que muestra la colección de Patrimonio Nacional.

Desde una edición art nouveau del famoso clásico de J.M. Barrie, Peter Pan and Wendy (Hodder & Stoughton, s. XX) en tela con estampaciones a color, tiene una dedicatoria manuscrita de la princesa Beatriz de Inglaterra: “To dear little Gonzalo from Gangan, Christmas 1921”, propiedad de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid hasta devocionarios que son auténticas obras de arte. Grandes Encuadernaciones en las Bibliotecas Reales (S. XV – S. XXI) presenta una singular colección de obras procedentes íntegramente de los fondos de Patrimonio Nacional.

Por primera vez que se exhiben piezas de la Real Biblioteca, del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, del Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas de Burgos, del Monasterio de las Descalzas Reales y del Real Monasterio de la Encarnación.

Esta colección de encuadernaciones es considerada a nivel mundial uno de los conjuntos ligatorios históricos más importantes. Es, además, una colección viva, ya que la Real Biblioteca sigue actualmente adquiriendo ejemplares, entre ellos destacan los Premios Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

La exposición integra la encuadernación en la cultura de corte poniéndola en relación con otras obras de arte: pintura, porcelana, textiles, muebles, relojes o abanicos. Maravillosos los relojes de la exposición y algunas piezas de mobiliario bordado. Este paralelismo permite no solo entender la encuadernación como elemento fundamental de la corte, sino también realizar un retrato intelectual y cultural de los monarcas españoles.

Comparten protagonísmo con la impresionante colección los tres personajes que más hicieron por componenrla: el Conde de Gondomar, Nicolás de Azara y Diego Hurtado de Mendoza.

José Nicolás de Azara, marqués de Nibbiano, fue diplomático y mecenas, y un importante coleccionista. Nació en Barbuñales en 1760 y murió en París en 1804, donde había sido embajador. Durante el reinado de Carlos III, fue destinado a la embajada en Roma donde estuvo más de 30 años.

Azara era un gran aficionado a los libros y en Roma formó una biblioteca con ejemplares de temas muy variados. Ayudó a su protegido, el encuadernador Giambattista Bodoni, a darse a conocer en Europa y junto a él emprendió un proyecto para imprimir ejemplares de autores clásicos latinos.

Aparte de a la literatura, Azara también era aficionado a la pintura y a la escultura. Logró formar una importante colección de retratos griegos, arte antiguo y pintura. Destacan los cuadros de Murillo, Velázquez, Ribera, Goya y Mengs, artista este último a quien apoyó como mecenas.

Diego Hurtado de Mendoza fue un poeta y diplomático español. Nació en Granada a principios del siglo XVI y tuvo una infancia privilegiada. Su padre, primer marqués de Mondéjar , dio especial importancia a la educación de sus hijos. Hurtado de Mendoza estudió en Granada y Salamanca y dominaba el latín, griego, hebreo, árabe y varios idiomas europeos.

Como diplomático, fue embajador en Roma, Venecia, en la corte del rey Enrique VIII de Inglaterra y en el Concilio de Trento. Los siete años de su embajada veneciana coinciden con el período de crecimiento más rápido de su biblioteca. En 1568, tras una trifulca en palacio, Felipe II decidió desterrarle. Cinco años más tarde, para lograr el perdón del monarca, Hurtado de Mendoza le regaló su colección al rey.

Hurtado de Mendoza fue amigo de Santa Teresa de Jesús y, en su faceta de poeta, introdujo características de la lírica italiana en la poesía. Hay numerosas teorías que apuntan a que la conocida obra precursora de la novela picaresca, Lazarillo de Tormes, es en realidad obra suya.

El conde de Gondomar, Diego Sarmiento de Acuña (Astorga, 1567 – Haro, 1626), reunió una de las mejores bibliotecas del siglo XVII. Desempeñó varios cargos como diplomático en el extranjero, entre los que destaca el de embajador en Inglaterra en la corte de Jacobo I de quien fue amigo personal.

Durante su juventud fue el encargado del mando militar de la frontera portuguesa y la costa gallega, defendiendo La Coruña del ataque del pirata inglés Francis Drake. Tras sus años en Inglaterra, terminó su carrera como diplomático en Viena.

Erudito y bibliófilo, reunió los ejemplares de su biblioteca privada sobre todo durante sus años en el extranjero. Fue su descendiente, el marqués de Malpica, quien cedió la colección al rey Carlos IV.

La muestra está organizada sobre tres ejes: procedencias, funciones y lenguaje decorativo. Así, las principales fuentes de estos fondos, los papeles que desempeñan las encuadernaciones en la corte y las técnicas decorativas que se utilizan en las encuadernaciones.

Junto a las piezas más lujosas de las colecciones, también se exponen los ejemplares más corrientes realizados en pergamino y las encuadernaciones industriales que llegaron a las bibliotecas privadas de los reyes.

El montaje de Grandes Encuadernaciones en las Bibliotecas Reales, a cargo del arquitecto Manuel Blanco, se ha realizado especialmente pensando en la temática de la muestra. La exposición es una delicia que no os podéis perder, hasta el 2 de septiembre.

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