El problema es que hay menos trabajadores jóvenes entrando al sistema, y más trabajadores mayores saliendo de él
En un momento en que la inteligencia artificial acapara casi toda la conversación sobre el futuro del trabajo, un ejecutivo de alto perfil decidió cambiar el enfoque del debate: Hisayuki "Deko" Idekoba, CEO de Indeed, sugirió en la Cumbre de la Economía Mundial de Semafor que existe otra fuerza que causará estragos en el mercado laboral, una que, según él, es aún más urgente que la IA.
Su argumento no partió de especulaciones tecnológicas, sino de una realidad que avanza silenciosa y sin pausa: el envejecimiento de la población activa en los países desarrollados.
Idekoba, quien también dirige Recruit Holdings (empresa matriz de Indeed y Glassdoor), hizo estas declaraciones el pasado miércoles durante la cumbre de Semafor, señalando que la lucha por reemplazar a los trabajadores que se jubilan tendrá "un impacto mucho mayor" que el de la IA en el mercado laboral hoy.
El dato que cambia la conversación
El argumento de Idekoba no fue retórico: vino respaldado por cifras concretas. Según investigaciones de Indeed, en los próximos 15 años Estados Unidos podría tener aproximadamente 20 millones de trabajadores menos, y alrededor del 80% de esa disminución estaría impulsada por jubilaciones, no por la automatización.
Esto significa que la gran mayoría de los puestos que quedarán vacíos no lo harán porque una máquina haya reemplazado a una persona, sino porque esa persona simplemente llegó al final de su vida laboral, una escasez inminente de mano de obra que se percibirá con especial intensidad en los oficios de la construcción, plomería, electricidad y servicios de salud, sectores donde ya existe una brecha considerable entre la oferta de trabajadores y la demanda real.
Un mercado laboral fracturado, no simplemente escaso
Lo que Idekoba describe no es una simple falta de trabajadores, sino una fractura estructural dentro del mercado laboral: en muchos sectores de cuello blanco, como el tecnológico y otros empleos de oficina que se expandieron aceleradamente en años recientes, la contratación se ha enfriado y la competencia por los puestos ha aumentado.
Al mismo tiempo, las vacantes siguen siendo elevadas en industrias que dependen del trabajo presencial y manual, una desigualdad que no es menor: refleja una reorganización profunda de quién trabaja, en qué trabaja y cuándo deja de hacerlo.
Esta situación ha derivado en un desajuste de mercado donde ciertos sectores tienen un exceso de candidatos, mientras que otros permanecen desesperadamente sin cubrir, lo que para las empresas implica repensar no solo cómo contratan, sino también cómo retener a sus trabajadores de mayor experiencia, cuya salida masiva podría dejar vacíos difíciles de llenar a corto plazo.
Japón, el espejo de lo que viene
El país de origen de Idekoba funciona como un laboratorio avanzado de todo lo que él advierte: Japón enfrenta cambios acelerados en sus condiciones sociales y económicas, incluyendo una tasa de natalidad en caída y una población activa que envejece: donde las personas en edad de trabajar, de entre 15 y 64 años, cayó de 86 millones en el año 2000 a 75 millones en 2020, y se estima que descenderá a menos de 60 millones para 2040.
Ante ese escenario, el gobierno japonés ha impulsado activamente la incorporación de más mujeres al mercado laboral como una de sus principales respuestas a la escasez de trabajadores, y es que Japón tiene actualmente la tasa de dependencia de la vejez más alta del mundo, con cerca de 48.6 personas mayores por cada 100 adultos en edad de trabajar, y se proyecta que esa proporción alcanzará 79 por cada 100 hacia 2050.
La advertencia de Idekoba no es nueva (la ha repetido en foros como el Foro Económico Mundial de Davos en enero de 2026), pero su insistencia apunta a algo importante: la dificultad de movilizar atención y recursos hacia problemas que avanzan lentamente, sin el dramatismo de una disrupción tecnológica.
Para Idekoba, la escasez de mano de obra ya se está volviendo visible en la vida cotidiana, con largas esperas para servicios básicos y posiciones abiertas sin candidatos disponibles en los sectores más fundamentales de la economía, y aunque el debate sobre la IA seguirá siendo necesario, la demografía no esperará a que ese debate concluya.
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