TikTok ha servido como plataforma para evidenciar (con humor) a aquellos que trabajan a un ritmo diferente
En toda oficina hay compañeros que, sin proponérselo, parecen complicar lo más sencillo: llegan tarde, se despistan, improvisan y, de pronto, todo eso se convierte en motivo de frustración para quienes necesitan estructuras claras. En el contexto actual, un tipo particular de personalidad se está viralizando en TikTok: el "compañero tipo B".
Los vídeos en TikTok sobre los "type B coworkers" se han vuelto virales, y muchas personas se ríen de las situaciones que describen porque son más comunes de lo que parece, y para prueba está el típico sketch de quien llega a la oficina después de las diez de la mañana, abre su portátil con solo un 5 % de batería y confiesa que anoche se acostó a las cuatro. Luego, quejándose de lo duro que es trabajar, se tumba en el sofá para echarse una siesta y poner música a todo volumen.
Quienes critican este tipo de comportamiento afirman que las personas tipo B esperan que todo les salga bien porque, de alguna manera, siempre lo hace. Algunos llegan incluso a decir que estos compañeros son los que acaban siendo promocionados: su forma relajada de funcionar se interpreta como carisma, creatividad o 'buena vibra'.
Por su parte, The Guardian también ha analizado la tendencia y destaca que la personalidad tipo B (despreocupada, espontánea, con un deje libre de estrés) está viviendo un momento álgido justo ahora, cuando muchas personas están agotadas por la cultura de la productividad máxima.
Sin embargo, no todo es tan blanco o negro. Expertos en psicología apuntan que encasillar a alguien como "tipo A" o "tipo B" es simplificar demasiado. Según estos especialistas, la personalidad funciona más bien como un espectro de rasgos (como los del modelo Big Five), y pocas personas encajan perfectamente en una etiqueta rígida.
Desde el punto de vista del equipo, un compañero tipo B puede provocar tensiones: alguien más estructurado puede sentir que debe asumir más carga porque el tipo B tarda en arrancar o en cumplir plazos. Pero, al mismo tiempo, esas mismas personas aportan valor: su espontaneidad puede generar ideas frescas, su calma se agradece cuando la presión arrecía, y su flexibilidad permite adaptarse mejor a los cambios.
Gestionar bien a los compañeros tipo B requiere paciencia y empatía. En lugar de reprochar su desfase, conviene establecer acuerdos claros sobre ritmos, plazos y responsabilidad. También ayuda la comunicación abierta: conversar sobre cómo cada uno trabaja y qué necesita para organizarse puede marcar una gran diferencia. Además, fomentar un entorno de seguridad psicológica (donde nadie tenga miedo de expresar sus límites o ritmos) fortalece al equipo.
En resumen, los compañeros tipo B no son necesariamente "problemáticos": representan un estilo distinto, más relajado, menos obsesionado con la presión. Y si resulta que eres tú quien se identifica con esa etiqueta, no está de más hacerse algunas preguntas sobre cómo canalizar esa energía de forma productiva sin sacrificar tu autenticidad.
Foto de Vitaly Gariev en Unsplash
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