
El "ghosting" ya no sólo es un dolor de cabeza en las relaciones, ahora también lo es al buscar trabajo
En el mundo de las relaciones, términos como 'gaslighting', 'love bombing' y 'ghosting' han sido adoptados rápidamente para demostrar todos aquellos aspectos negativos que hay que tener en cuenta al abrirse a la búsqueda de una pareja, sin embargo, éste último, en el que una de las partes tiende simplemente a desaparecer, también ha legado al terreno de la búsqueda de empleo.
El "ghosting" laboral dejó de ser una anécdota de reclutamiento y se convirtió en la norma no escrita del mercado de trabajo actual: según una encuesta de Resume.org a más de 1.100 responsables de contratación, el 54% de los candidatos de la generación Z desapareció después de recibir una oferta de empleo, un dato que suele usarse para reforzar la idea de que esta generación no sabe comprometerse con el trabajo, pero el problema es que esa lectura solo cuenta la mitad de la historia.
Los números detrás del titular son más matizados de lo que parece a primera vista: de los candidatos que dejaron de responder, el 27% había aceptado la oferta pero nunca completó los trámites necesarios, como el papeleo de contratación, mientras que otro 26% sí llenó esos documentos pero jamás se presentó el primer día de trabajo.
Hay incluso un tercer grupo, un 29%, que se presentó los primeros días y luego abandonó el puesto sin avisar, lo que indica que son formas distintas de una misma conducta, pero todas apuntan a lo mismo: la desconexión entre lo que se promete en una entrevista y lo que ocurre después.
El ghosting no es un problema exclusivo de la Gen Z
Lo que cambia el enfoque de esta historia es un dato que rara vez se menciona junto al anterior: el 75% de los empleadores admite haber ghosteado como parte de su propio proceso de contratación. Mark Beal, profesor de práctica profesional en la Universidad de Rutgers, explicó que esta desaparición mutua no distingue generaciones ni jerarquías dentro de la empresa.
Según Beal, ha escuchado a numerosos estudiantes de la generación Z que avanzaron varias rondas de entrevistas para terminar siendo ignorados por el empleador incluso en la fase final del proceso, por lo que el comportamiento que se le atribuye en exclusiva a los jóvenes, en realidad, atraviesa todo el sistema de contratación actual.
La raíz del fenómeno, según el investigador, tiene menos que ver con la actitud de una generación y más con cómo cambió la forma de comunicarse dentro de las empresas desde 2020. Beal sostiene que la transición al trabajo remoto e híbrido desplazó la construcción de relaciones cara a cara hacia una comunicación mucho más impersonal, y que plataformas como Slack, Teams y Zoom, junto con el avance de la inteligencia artificial, profundizaron todavía más esa distancia entre empleador y empleado.
El resultado es un vínculo laboral que se construye y se rompe casi sin contacto humano real, lo que facilita que cualquiera de las dos partes desaparezca sin dar explicaciones, por lo que la única solución viable es volver a la interacción humana, antes de que esta desaparición mutua se normalice todavía más de cara a la llegada de una próxima generación cada vez más distante gracias a la tecnología.
Fotos de Warner Bros.
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