Una nueva tendencia está cambiando la mentalidad en torno al placer masculino: cada vez más hombres se interesan por el pegging

La curiosidad sexual masculina está cambiando, y con ella, muchas ideas antiguas sobre lo que "debería" gustar

Editor

En los últimos años se ha notado un cambio curioso en cómo se habla del placer masculino y de la sexualidad en general. Lo que antes era prácticamente un tabú enterrado en chistes malos y susurros en chats privados, ahora empieza a aparecer en conversaciones abiertas y hasta en la cultura pop.

Hablamos de una práctica que tiene nombre propio: pegging, y que muchos hombres heterosexuales jamás hubieran confesado en voz alta hace apenas una década. Hoy, sin embargo, está dejando de ser algo secreto para convertirse en tendencia, conversación y, sobre todo, en una puerta a una mentalidad sexual menos rígida.

El pegging, un término acuñado a principios del siglo XXI y que describe la situación en la que una mujer penetra analmente a un hombre con un arnés y un consolador, ha sido durante mucho tiempo motivo de chistes, miedo al qué dirán y estigma cultural, especialmente en contextos donde aún se asocia equivocadamente este tipo de práctica con la orientación sexual de la persona. 

Pero según datos recientes, esa percepción está cambiando. La aplicación de citas Feeld, conocida por acoger a personas curiosas y abiertas a explorar deseos menos convencionales, publicó su informe Feeld Raw 2025 y señala que el interés de hombres cis por esta práctica ha crecido de manera notable, hasta un 200 % en los últimos tiempos. 

Esto sugiere que cada vez más hombres sienten curiosidad por experimentar con esta forma de placer sin que ello dicte nada sobre su identidad o preferencia sexual.

Este cambio también se está reflejando fuera de los datos duros y dentro de la cultura popular. Series, películas y referencias en medios han empezado a mencionar el pegging con normalidad o incluso humor, lo que ayuda a difuminar ese estigma que durante años ha cargado con connotaciones incómodas o vergonzosas. En la comunidad general, hablar de prácticas íntimas con menos tabúes entra en la misma onda de abrir la mente sobre qué es el placer, cómo se puede explorar y por qué la curiosidad no debería verse como algo raro.

Expertos consultados por medios como El País señalan que este fenómeno tiene mucho que ver con cambios más amplios en nuestra visión de la masculinidad. La idea de que un hombre "tiene que estar siempre en control" o que ciertos tipos de placer o roles sexuales cuestionan su hombría se está resquebrajando. 

Cada vez hay más conversaciones alrededor de la sexualidad masculina que destacan la importancia del consentimiento, la comunicación y la curiosidad sana, desmontando miedos absurdos o prejuicios aprendidos. Esto no significa que el pegging sea para todo el mundo, pero sí que se está quitando esa carga de vergüenza que antes provocaba hablar de él en serio.

La charla antes de la acción

Practicarlo de forma segura pasa, ante todo, por hablarlo bien antes. Las parejas que se acercan al pegging con naturalidad suelen coincidir en que la comunicación lo es todo: comentar expectativas, límites y miedos evita malos ratos y ayuda a que la experiencia sea positiva para ambos. Aquí no va de sorprender a nadie ni de improvisar, sino de ir con confianza y sabiendo que se puede parar en cualquier momento si algo no apetece.

Otro punto clave es ir despacio y sin prisas. No es una práctica para lanzarse a lo loco ni para demostrar nada. Escuchar al cuerpo, respetar los tiempos y avanzar poco a poco marca la diferencia entre una experiencia incómoda y una disfrutable. La paciencia es fundamental y, cuanto más relajado esté quien recibe, mejor irá todo.

También es importante cuidar la higiene y el confort, algo básico pero que a veces se pasa por alto. Mantener una buena limpieza previa, usar lubricante en cantidad generosa y optar por productos adecuados para la zona ayuda a evitar molestias y pequeñas lesiones. 

La seguridad tiene mucho que ver con el consentimiento continuo. Que se haya hablado antes no significa que todo valga durante la práctica. Preguntar, comprobar cómo se siente la otra persona y mantener una actitud abierta refuerza la confianza y hace que la experiencia sea mucho más sana, por que no se trata de una prueba de resistencia, es una exploración compartida.

Lo que antes era un tema casi prohibido para muchos hombres hoy se discute con menos pudor y más curiosidad. El auge del pegging en datos, conversaciones y cultura general no es solo una moda pasajera, sino parte de una tendencia más amplia que desafía viejas ideas sobre la sexualidad masculina y amplía el mapa del placer sin cargar con estigmas innecesarios.

Fotos de Wikimedia

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