Me he quemado y no quiero pelarme como una gamba... ¿qué hago?

Antes de nada, regañarte y bastante por haber llegado a semejante punto. Las concienciaciones sobre los cánceres de piel y los melanomas existen y existen por algo. Tomar el sol no es un juego y puede pasarnos facturas. Por ello, en Mensencia os hemos dado múltiples consejos sobre cremas protectoras, aftersun para hombres, aceites autobronceadores y demás lecturas que os faciliten tomar el sol con la mayor de las precauciones posibles. Si nos hemos quemado habrá sido seguro por una falta de previsión o por haber desobedecido algunos de nuestros consejos.

A pesar de ello, una vez que nos hemos quemado el dilema de muchos viene por el típico: esto está rojo pero de aquí a unos días está moreno. Seguramente sea así a no ser que tu tono de piel sea demasiado claro (menos melanina tendrá para absorber rayos UV y protegerte contra los efectos nocivos del sol) o que no asimiles bien el sol. Pero cuenta con que con la misma facilidad que pasa de rojo a moreno se convertirá de moreno a un pelado de piel casi seguro ¿Cómo evitarlo o al menos reducirlo en su mayoría?

La clave es la hidratación. Quemarse la piel implica que la cantidad de exposición UV ha superado la capacidad protectora de la melanina de la piel. Cuando esto ocurre, el sol ha resecado la piel y pasadas unas horas ésta puede empezar a picar y a tirar, como si estuviera muy tensa. La piel quemada por el sol generalmente se empieza a pelar una semana después de que se produzca la quemadura solar y hay que evitar rascarse o arrancarse los pellejo ya que la piel que crece bajo la quemadura se podría infectar.

Antes de nada, conviene refrescar la zona o bien aplicando paños de agua fría o utilizar el vinagre, un potente anti-inflamatorio que además aliviará el dolor y la quemazón. Recordar que por lo general, este tipo de molestias no aparecen inmediatamente después de la sobre-exposición sino que se desarrollan a lo largo de las horas siguientes, alcanzando su cúlmen en las 6-8 horas posteriores en las cuales la sensación de ardor será mucho mayor.

Por ello, conviene aplicar inmediatamente una crema hidratante o comúnmente conocida como aftersun, con un factor de hidratación bastante elevado. Para estos casos y desde la experiencia personal, recomiendo el jugo puro de aloe vera ya que este no contiene excipiente y tiene una concentración muy elevada de aloe. Puede adquirirse en la herboristería o si no a la hora de comprar una crema hidratante que use la planta como excipiente, asegurarse de que contenga al menos un 80% de la misma. Con menos el efecto no será tan acusado.

Habrá que evitar el uso de productos que contengan vaselina porque tienden a retener el exceso de calor y sudor en el área afectada. Evitaremos también los productos de primeros auxilios que contengan benzocaína, que puede provocar irritación cutánea y reacciones alérgicas o las propias cremas solares por mucho que aseguren que hidratan la piel. Nosotros necesitamos una hidratación mucho más intensa.

Habrá que aplicarla en la zona afectada varias veces al día con intervalos entre cada aplicación para permitir a la piel absorber el jugo y poder cicatrizar. La clave serían entre una y dos horas entre cada una de las dosis y repetirlo durante los primero días a la sobre-exposición solar. De estar forma mantendremos la piel hidratada y propiciaremos su regeneración así como su cicatrización.

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