Matías Yabar-Davila, coach social, afirma que "Si te interrumpen al hablar, no pierdas la calma: este sencillo gesto puede cambiar por completo la conversación"

Matias Yabar Davila Coach Social Afirma Que Si Te Interrumpen Al Hablar No Pierdas La Calma Este Sencillo Gesto Puede Cambiar Por Completo La Conversacion

Si tu jefe te interrumpe, hay un orden que sí funciona para recuperar la palabra sin sonar conflictivo

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Pasa casi todos los días en cualquier oficina: alguien está exponiendo una idea en una reunión y, antes de terminar la frase, un jefe o un cliente con más peso en la sala lo corta. Lo normal es quedarse callado, porque insistir se siente de mal gusto y porque la otra persona tiene más autoridad.

Sin embargo, quienes manejan bien estas situaciones no se quedan en silencio ni suben la voz: siguen un orden preciso para recuperar la palabra sin quedar como alguien conflictivo y el coach social Matías Yabar-Davila sabe cómo solucioarlo.

El orden importa más que el contenido

De acuerdo a Marías, lo primero que hace alguien que sabe recuperar el espacio es darle la razón a la otra persona justo en el punto donde no tiene forma de ganar. Si el jefe interrumpe para señalar un límite de tiempo o una objeción válida, conviene reconocerlo antes de reclamar cualquier otra cosa. 

Recién después de esa concesión se retoma lo que sí corresponde decir, es ese orden el que cambia por completo cómo suena el reclamo, porque se escucha como criterio y no como defensa, algo que coincide con lo que documentan quienes estudian la dinámica de poder en las reuniones de trabajo, donde el estatus percibido influye directamente en quién interrumpe y a quién interrumpen.

Lo segundo es cómo se pide seguir hablando. La persona con menos poder en la sala, la que fue interrumpida, puede pedir que la dejen terminar sin subir la voz y sin disculparse por ocupar tiempo. Especialistas en presencia ejecutiva recomiendan justamente eso: usar frases cortas y firmes, dichas con calma, para recuperar el turno sin sonar agresivo ni caer en la disculpa innecesaria. La clave no está en subir el volumen, sino en no ceder el espacio que ya es propio.

Lo que cambia según el contexto y lo que se mantiene igual

Una negociación comercial o una entrevista de trabajo tienen reglas distintas a una junta interna de equipo, y en cada una interrumpirse tiene un costo diferente. Interrumpir a alguien de mayor jerarquía implica un riesgo distinto al de interrumpir a un par, algo que el Harvard Business Review documenta al analizar cómo el poder que cada persona tiene dentro de un equipo condiciona qué tan bien le funciona interrumpir o dejarse interrumpir.

Lo que sí es igual de válido en cualquier contexto es la secuencia: primero reconocer la objeción, después reclamar el espacio propio. Una interrupción no es solo un mal hábito, es información sobre el ritmo de la conversación y sobre qué tan segura se siente una persona de dejar que una idea termine de formarse.

Cuando alguien de mayor rango corta una idea a mitad de camino frente al equipo, el silencio se interpreta casi siempre como que ese punto no valía la pena. Por eso el hábito de pedir terminar, sin pedir perdón por hacerlo, no es un capricho de forma: es la diferencia entre que una idea muera ahí mismo o llegue completa a quien tiene que escucharla en cualquier conversación donde el poder no está repartido en partes iguales.

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