
Hablar de dinero en una entrevista no debería ser un tabú, la clave está en cómo y cuándo hacerlo
Hay una pregunta que aparece en casi todas las entrevistas de trabajo y que es de las más esperadas porque, al fin y al cabo, es por lo que estamos aplicando en una empresa o para un nuevo empleado, sin embargo, algunos expertos advierten que esta pregunta no es inocente.
Según el abogado penalista Jeremy Rosenthal, la pregunta sobre "¿Cuál es tu expectativa salarial?" dice más del candidato de lo que este imagina: Rosenthal, quien comparte consejos laborales y legales en su cuenta de TikTok @briefingattorney, afirma que, en realidad, el reclutador está aprendiendo mucho sobre el candidato: cómo se mueve en el mundo profesional, cuánta investigación hizo sobre la empresa y el puesto, y cuánto se valora a sí mismo como individuo.
El problema con responder directamente es que, nosotros, como candidatos siempre salimos perdiendo en ese intercambio: si la cifra es demasiado baja, podríamos terminar ganando menos de lo que la empresa ya estaba dispuesta a pagar. Y si es demasiado alta, se corre el riesgo de quedar fuera del proceso antes de tiempo.
Y en este aspecto, el silencio estratégico bien ejecutado no es debilidad: es táctica.
Cuando no responder es una señal de madurez profesional
Lo que hace especialmente interesante el planteamiento de Rosenthal es que él mismo reconoce que, cuando entrevista candidatos y alguno se niega a responder esa pregunta, lo ve como algo positivo. Según explicó, prefiere cuando el entrevistado dice que esa información es algo personal, porque eso demuestra que sabe cómo navegar el mundo profesional con inteligencia.
En otras palabras, negarse a revelar la expectativa salarial no incomoda al entrevistador bien intencionado, sino que, al contrario, puede proyectar confianza y criterio; pero la clave está en hacerlo con elegancia, sin sonar evasivo ni confrontacional.
Negarse a dar un número no significa quedarse callado o ponerse a la defensiva. Una alternativa efectiva es preguntarle al entrevistador sobre el presupuesto que la empresa tiene para ese puesto. Si el entrevistador comparte un rango y pregunta si eso cubre las expectativas, lo más inteligente es ser vago: decir que esa información es útil y preguntar si habrá espacio para negociar una vez que llegue la oferta formal.
Este movimiento devuelve el balón al campo del empleador y pospone la negociación para el momento en que el candidato ya tiene más poder: cuando la empresa ya decidió que lo quiere. Expertos como Melissa Llarena, desde Forbes, coinciden en que lo ideal es mantenerse confiado pero flexible hasta que llegue una oferta concreta, sin descalificarse antes de tiempo con números prematuros.
Al final, lo que el consejo de Rosenthal pone sobre la mesa es algo más profundo que una simple táctica de negociación: habla de autoconocimiento y de entender las reglas del juego.
Quien entra a una entrevista sin estrategia sobre este tema puede estar dejando dinero sobre la mesa sin darse cuenta. Y si llegas preparado, ya llevas una ventaja que pocos candidatos tienen.
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