Lo que vivió tu padre podría estar escrito en tu ADN: así lo demuestra un estudio sobre estrés y herencia epigenética
Cuando se habla de herencias, muchos piensan en rasgos físicos o en enfermedades que se transmiten por el ADN, pero hay hallazgos recientes que abren una puerta distinta y algo inquietante: lo que vivió una persona de niño podría dejar huella en la línea germinal y, de algún modo, afectar a la siguiente generación.
Investigadores del estudio FinnBrain de la Universidad de Turku han hallado asociaciones entre experiencias traumáticas en la infancia y cambios epigenéticos en el esperma de hombres adultos; esas marcas incluyen alteraciones en la metilación del ADN y en niveles de pequeños ARN no codificantes que, en teoría, pueden modular el desarrollo cerebral de la descendencia.
El trabajo no afirma que el trauma "se transmita" como una mutación genética clásica, sino que muestra cómo el entorno y el estrés temprano parecen dejar señales biológicas en los gametos que merecen atención.
Otras fuentes especializadas explican que estos cambios epigenéticos no alteran la secuencia del ADN, sino su regulación, y que mecanismos como la metilación o los microARN pueden influir en la expresión génica durante el desarrollo embrionario; en palabras llanas, no es que el trauma "pegue" en el ADN, sino que deja marcas que pueden condicionar cómo se encienden o apagan ciertos genes en la descendencia.
Desde el punto de vista del desarrollo neurológico, algunos trabajos vinculados con la investigación apuntan a relaciones entre estrés parental y cambios en circuitos cerebrales de la progenie que pueden asociarse a ansiedad o vulnerabilidad emocional; sin embargo, la comunidad científica insiste en la prudencia: los resultados muestran correlaciones y posibles vías mecanísticas, pero aún falta demostrar de forma concluyente la causalidad directa y su magnitud en humanos.
En definitiva, la investigación sugiere que lo vivido por los progenitores puede dejar huella biológica en los gametos y aportar una vía por la que el estrés temprano influya en la descendencia, pero la historia no está cerrada: hacen falta más datos, muestras más grandes y estudios que conecten directamente las marcas epigenéticas con efectos concretos en niños y adultos.
Mientras tanto, la noticia sirve para recordar que la salud emocional de una generación tiene ecos que podrían ir más allá de lo que se imaginaba hace solo unos años.
Foto de Seif Eddin Khayat en Unsplash
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