Un plato conocido de Guinea se corona en el menú como el favorito del futbolista
A veces, para entender a una estrella del deporte, no hace falta mirar sus estadísticas ni repasar sus jugadas más virales. Basta con asomarse a su mesa, a esos platos que vienen de casa y que cuentan más de sus raíces que cualquier rueda de prensa. En el caso de Lamine Yamal, la historia sabe a calidez familiar, a tradición y a ese tipo de recetas que uno no olvida aunque viva rodeado de focos.+
El joven talento culé, llamado a reinar en el fútbol europeo durante los próximos años, tiene un plato favorito que mezcla parte de su memoria afectiva con un aporte nutricional que más de un preparador físico aplaudiría. Se trata del pollo con arroz y salsa de cacahuete, una receta tradicional de la tierra de su madre que combina sencillez, carácter y una cantidad generosa de proteínas.
Como él mismo afirma: "es una comida del país de mi madre que siempre me hacía antes de los partidos para que cogiera fuerza", y no es para menos, ya que, dependiendo de la preparación y la receta, puede contener desde 25 hasta 70 gramos de proteína.
El proceso, aunque sencillo, tiene su magia. Todo empieza cortando los muslos de pollo en trozos generosos, de esos que quedan jugosos en los guisos, sazonados con sal y pimienta sin miedo. Se doran justo lo necesario para que cojan color pero queden crudos por dentro, un truco básico para que luego absorban bien la salsa.
Una vez retirados, en ese mismo aceite (cargado ya del sabor del pollo) se cocinan la cebolla y el ajo muy picados, dejándolos pochar hasta que huelan a hogar. Cuando están en su punto, se añade el tomate bien picado, siempre sin pimientos, porque en esta receta el toque picante se controla de otra manera, más sutil y tradicional. Todo se integra despacio, dejando que la mezcla espese y se convierta en el alma del plato.
Es entonces cuando entra en juego la mantequilla de cacahuete, responsable de esa textura cremosa y ese sabor profundo que distingue la receta. Al juntarla con el sofrito y devolver el pollo a la olla, el guiso se transforma en una combinación que recuerda a la cocina de varias regiones de África Occidental, donde este tipo de salsas forman parte del recetario cotidiano.
El resultado es un plato reconfortante, potente y perfecto para un deportista que necesita energía de la buena sin renunciar a los sabores de su infancia.
Yamal, como muchos chavales que crecen entre dos culturas, encuentra en este plato un puente entre sus raíces y su presente. Una receta con historia, con personalidad y con ese toque casero que, por mucho glamour que haya alrededor del fútbol profesional, sigue siendo el mejor combustible para cualquiera que quiera comerse el mundo.
Fotos de GQ | @inakigastro
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