Ser feminista a los 67, los 47 y los 17: así han vivido (y viven) el feminismo tres generaciones diferentes

Han visto pasar medio siglo entre ellas y han visto los avances, las derrotas, la evolución y los pasos hacia adelante y hacia atrás. Entrevistamos a tres generaciones de mujeres para descubrir cómo ha sido y sigue siendo para ellas vivir el feminismo y qué significa para ellas el 8 de marzo de este año.

Isabel Rodríguez, 66 años

Ella y sus amigas no eran conscientes de que estaban cambiado el mundo. Pero lo cambiaron.

Madrileña, recientemente jubilada, casada y con dos hijos, Isabel nos cuenta que participó en la primera manifestación feminista que se realizó en Madrid: "creo que fue en el año 1976, pero no estoy segura. Lo que sí recuerdo es que fue una manifestación muy divertida, muy festiva. A las autoridades no les preocupábamos como otros colectivos que se manifestaban en aquella época y eso se notó. Era ese rollo de las mujeres que quieren pedir más cosas. Era seria para nosotras, pero para ellos era diferente. Eso sí: le dije a una compañera que por qué no venía y me contestó que porque tenía un hijo. En aquel momento pensé que era una chorrada, pero años más tarde, cuando yo fui madre me di cuenta de que aún así y todo aquel no era lugar para niños. Yo había estado en las manifestaciones del sector textil y allí sí que había palos".

Antes de casarse trabajó y formó parte del sindicato Unión Sindical Obrera (USO): "en mi época muchas mujeres no sabían nada de feminismo. Había muchas mujeres que eran felices siendo amas de casa y nada más. Lo primero que hicimos en el sindicato fue hacer un estudio de por qué necesitábamos hacer una manifestación, qué pedían las mujeres, cuál era la razón de celebrar el ocho de marzo. Yo estaba bastante informada por ellos e iba a todas las reuniones, pero no era normal".

"En una de aquellas primeras reuniones antes del 8 de marzo recuerdo que hablamos de la diferencia del trato en la familia: en mi caso, por ejemplo, tenía un hermano mayor y se decidió que él, como futuro cabeza de familia, tenía que estudiar sí o sí. Pero yo, como chica, me fui directa a Corte y Confección y dando gracias a que existía esa salida. Nadie se puso a analizar las capacidades de los dos, en plan ¿cuál es el más inteligente?".

Cuando le preguntamos si entonces, en la década de los 70, eran conscientes de que había una brecha salarial se echa a reír: "además, hablábamos de una brecha salarial mucho más grande y de brechas de oficio. Las mujeres solo podíamos acceder a cierto tipo de oficios. No podía haber mujeres policía, ni mujeres camioneros ni nada de eso. Una brecha enorme."

También nos explica que desde el principio reivindicaron que los hombres aceptasen su papel en el cuidado del hogar y de los niños: "incluso los más progresistas tenían problemas para ayudar en casa. Te preguntaban ¿qué te hago? ¿Cómo que qué te hago? A mí ese qué te hago me pone enferma. No tienes que preguntar qué hay que hacer porque lo tienes que saber".

Poco a poco consiguieron cosas. Pequeños pasos que supusieron grandes avances para la generación que llegó justo detrás de ella y de sus compañeras: "ahora parece poco. Y quizá es que nos conformábamos con menos, o que todavía no éramos conscientes de todo lo que se podía conseguir. La paridad la pedíamos igual que ahora, pero también pedíamos que los hombres tuvieran un permiso de paternidad, lo de casarse y seguir trabajando... Se ha conseguido cosas que ni nosotras habíamos llegado a soñar". Desde el primer momento nos cuenta que lucharon por su derecho al aborto, al divorcio "y por los anticonceptivos gratis". Los anticonceptivos eran un tema tabú: "el día que mi madre se enteró de que los estaba tomando se llevó tal disgusto que no quería salir de la cama. Y tenía una amiga que cada vez que íbamos a su casa los colocaba a la vista, para que viéramos que los tomaba".

El próximo 8 de marzo piensa ir a la manifestación de Madrid con su hija: “Yo quiero manifestarme para las que vienen, para que ellas tengan un futuro de igualdad.”

Laura García, 47 años

Licenciada en Empresariales, vive en Zaragoza, nunca ha dejado de trabajar y se considera una mujer todoterreno: "en lo bueno y en lo malo, porque a veces me cargo con más cosas de las que debería, asumiendo tareas que podría delegar o compartir con mi pareja".

Nos confiesa que ella nota mucho la diferencia generacional, no con dos sus hijas sino con su madre. También tiene un hijo y se siente muy orgullosa de que sea feminista, “más feminista que sus compañeras de clase”, aclara. Y eso es porque ella le ha educado creyendo en unos principios de los que se siente muy orgullosa. "Todos han hecho lo mismo en casa, las mismas tareas, sin diferencia de sexo".

También les ha educado para que sean libres e independientes: "mis hijos no tienen necesidad de tener pareja, ni ellas ni él. Yo no les he inculcado la necesidad de tener que estar con alguien para sentirse realizados".

Considera que la anterior generación es la que más ha batallado, pero que su generación también ha conseguido muchas cosas en estos últimos años, especialmente desde la abrumadora incorporación de la mujer al mercado de trabajo, pero aún queda mucho por hacer: “tenemos que conseguir que la conciliación sea real. La carga de la casa y de los hijos sigue siendo nuestra. Parece que ha mejorado, pero nada ha cambiado”.

La violencia machista es otro tema que le preocupa muchísimo, "antes no tenía nada de visibilidad, eran cosas que pasaban en las familias y nadie hablaba de ello", y considera que no se ponen todavía los suficientes medios para acabar con esta lacra, que es uno de los principales problemas a los que se enfrenta la sociedad actual.

La situación en España, tras cuarenta años de dictadura condicionó mucho las campañas del movimiento feminista en los 70 y los 80 y las reivindicaciones que se pidieron en la época, centradas muchas de ellas en derogar las leyes que discriminaban a las mujeres, acabar con cosas como la penalización del adulterio femenino o la legalización de los métodos anticonceptivos. Pero conseguidos esos retos y avanzando varios pasos más allá para que las mujeres pudieran vivir una vida plena, incorporarse al mercado laboral o vivir una sexualidad libre parece que hay menos por lo que luchar. Laura reconoce que no se considera militante pero que todos los días tiene ocasión para demostrar su feminismo: "sobre todo en los grupos de WhatsApp, cuando salta el listo de turno con un comentario machista. Hay veces que ni les contesto, pero otras veces les pego un buen corte". Y que por mucho que se haya avanzado "todavía hay trillones de cosas que hacer para conseguir la plena igualdad".

El próximo jueves piensa hacer la huelga y quizá se pase por la manifestación: "quiero aportar mi granito de arena de alguna manera. Que se note que estoy ahí y que pienso que todavía queda mucho por hacer para conseguir la auténtica paridad".

Patricia L., 17 años

Estudia bachillerato en Madrid y todavía no tiene muy claro qué es lo que quiere hacer a continuación. Lo que sí tiene claro es que se considera feminista y está preparando con sus compañeras ir a la manifestación juntas "porque defiendo la igualdad entre hombres y mujeres y creo que la situación en la que estamos es, en muchos aspectos, peor que la de los hombres. Quiero las mismas oportunidades y cobrar lo mismo por el mismo trabajo. Es injusto que todavía tengamos que estar con esta historia".

"El objetivo creo que es una mayor visibilización de este problema (el de la desigualdad) y que a raíz de esto se puedan tomar decisiones que mejoren la posición de la mujer. Se ha conseguido mayor reconocimiento del problema en la sociedad actual, aunque queda un gran camino", apunta.

También le preocupa mucho el machismo que sigue imperando en las redes sociales, cómo existe un doble baremo para juzgar a chicos y chicas: "no es lo mismo subir una foto o hacer un comentario cuando eres una chica que cuando eres un chico. Los comentarios son totalmente desequilibrados y horribles en el primer caso". Una opinión con la que coinciden también sus amigos que son chicos.

Pero también hay un lugar para la crítica. A Patricia no le gusta para nada el desprecio radical de algunas mujeres a los hombres en general. Referentes como Emma Watson o Leticia Dolera, a las que sigue a través de las redes sociales, son su inspiración diaria, pero también las mujeres de sus vida, madres, primas y tías que han luchado por conseguir la igualdad. "Yo intento llamar la atención a mis amig@s conocid@s si hacen algún comentario machista o si tienen comportamientos machistas", es su aportación.

Fotos| Unsplash.com, Pexels.com, Gtres

En Trendencias| Que el feminismo no nos quite nada... que solo sirva para hacernos más felices

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