Las frases de tu madre que sólo aciertas a comprender cuando tú eres madre

Ponías los ojos en blanco, bufabas o salías corriendo a la más mínima oportunidad sólo para no tener que volver a escucharlas. Y ahora que eres tú la que se encuentra ejerciendo el rol de madre una de esas frases (¡no, no puede ser!) acaba de salir por tu boca. Y, ay, todo cobra sentido, incluso eso de “cuando seas madre lo entenderás”.

1.- Ordena esta pocilga.

Pensabas que estaba invadiendo tu intimidad o que tenía algún tipo de trastorno obsesivo-compulsivo con la limpieza. Se ponía tan histérica como tú ahora cuando entras en su cuarto y te clavas alguno de sus juguetes en los pies.

2.- ¿Crees que el dinero crece en los árboles?

También nos soltaba su variante castiza: ¿te crees que soy el Banco de España? Y te llevaba los demonios que no te soltara la pasta cada vez que se la pedías, pero ahora entiendes la importancia de enseñarles el valor de las cosas.

3.- Las cosas buenas les pasan a aquellos que tienen paciencia.

Con quince años es difícil entender que quieres algo y lo quieres YA, pero ahora sabes que conseguir un objetivo lleva tiempo, esfuerzo y ganas.

4.- Tú te debes creer que yo nunca tuve tu edad.

Nos costaba creer que nuestras madres eran... ¡personas! Mujeres con sueños, inquietudes, hobbies y entendían bien lo que nos estaba pasando por nuestra cabeza, porque ellas habían pasado por lo mismo. Y habían tenido las mismas locas ideas.

5.- No me he sentado en todo el día.

Refunfuñabas y te decías que estaba exagerando, que era una quejica o pretendía hacerte sentir mal, pero ahora eres tú la que lleva horas de un lado para otro y matarías por sentarte cinco minutos en el sofá.

6.- A mí lo que haga Fulanito me da igual.

Curiosamente también le daba igual si Zutanito se tiraba por un puente o si a Menganito le dejaban salir hasta las tantas. Qué curioso, a ti te pasa exactamente lo mismo con esos desconocidos malcriados con los que se juntan tus hijos.

7.- Si voy yo sí que lo encuentro.

Y vaya si lo hacía. Ya le gustaría a los ingenieros de Google ser tan eficaces encontrando cosas a la primera como tu madre o como tú ahora.

8.- Te lo digo por tu bien.

No la creías en absoluto, pensabas que sólo lo decía para convencerte de que hicieras lo que ella quería. Pero es que no sabías lo muchísimo que se puede querer a otro ser humano, de qué manera tan incondicional y tan poco egoísta...

9.- Esto no es un hotel.

Las comparaciones son odiosas y ahora que tú has abierto tu propio hotel con servicio de lavandería y de habitaciones te das cuenta de que el suyo era un cinco estrellas.

10.- ¿Te has lavado ya las manos?

Qué obsesión tenía con el asunto. Y eso que no había tantos estudios científicos sobre el tema y sobre el papel protagonista que tienen las manos limpias para evitar hasta el catarro más tonto.

11.- De la hermosura no se come.

Estudia, trabaja, esfuérzate por algo que no sea tu físico, hazte valer por algo más importante que el maquillaje que llevas. Difícil creerla. Con quince egocéntricos años es difícil pensar que hay algo más importante que cómo te sientan esos vaqueros, pero todo ha cambiado ahora, ¿verdad?

12.- Mi casa, mis normas.

Estabas deseando independizarte para tener tu propia casa y tus propias normas. Y ahora que lo has conseguido no va a venir un renacuajo a saltárselas, ¿verdad? Uy, qué casualidad...

13.- Porque lo digo yo.

¿Cuántas discusiones terminaban así? Más o menos las mismas que ahora, cuando te ves en un callejón sin salida y no sirve ningún razonamiento, ninguna explicación y ninguna norma.

Fotos: Pixabay.com, Ley

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