Convertí un armario de Ikea en un cabecero de mimbre rústico de tendencia, sin taladros y sin saber nada de carpintería

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Es un cabecero hecho a mano y yo soy la artesana

Pepa López

Editor Senior

Cuando decoré mi nuevo dormitorio, tenía muy claro como quería que fuera el cabecero de la cama: de mimbre, con estilo rústico y muy artesanal para dar un toque cottagecore a mi casa. Este tipo de decoración es pura tendencia, así que había mucho donde escoger. Sin embargo, todos eran demasiado pequeños para mi cada de 1,60 metros de ancho. A problemas, soluciones: si no lo venden me lo hago yo misma. 

Buscando el cabecero de mimbre perfecto

Los cabeceros de mimbre que encontré en mis tiendas de confianza (Jysk, Zara Home, Sklum, etc.) no eran suficientemente grandes. Mi cama mide 1,60 metros de ancho, pero quería que fuera aún más amplio para que los enchufes y las mesillas también quedaran bajo el cabecero, convirtiéndose así en una decoración statement del dormitorio. Ninguno me encajaba, así que me puse creativa y culpo a TikTok de ello. 

Un cabecero artesanal y la artesana soy yo

Primero me frustré y me ahogué en Pinterest, que alimentó aún más mis ganas de un cabecero perfecto. Scrolleando arriba y abajo di con este vídeo de TikTok, donde explicaban cómo hacer un cabecero de mimbre usando estas puertas de armario de Ikea. Me pareció fácil y me motivé viva: compré las puertas y me puse manos a la obra.

Puertas IVAR (pack de dos)

Cada una de las puertas IVAR mide 42 centímetros de ancho y 83 centímetros de alto, aunque yo las voltee para convertirlas en cabecero. Quería que midiera unos 240 centímetros aproximadamente, así que con tres puertas tumbadas fue suficiente. Como las venden en packs de dos, me ha sobrado una.  

Las uní entre ellas con juntas de unión, que compré en la ferretería. Como el material es aglomerado de Ikea, no hace falta taladro para hacer los agujeros. Basta con un punzón para marcar el punto de enclave y, después, se utiliza un tornillo de punta y un destornillador para clavarlo. 

Finalmente, lo colgué de la pared con ayuda de argollas y escarpias. Estas últimas si las taladré en la pared, para asegurarme de que el cabecero queda bien sujeto. Además, fijé también la parte inferior, porque si no hace ruido cuando te mueves por la noche y golpeas el cabecero con la almohada. Si está sujeto, el ruido para. 

El resultado es digno de catálogo (y mucho más barato)

En total me gasté unos 105 euros, entre la compra de Ikea y la de la ferretería. Si tenemos en cuenta que un cabecero de ratán o mimbre cuesta unos 150 euros, me he ahorrado un tercio del dinero. Además, me ha quedado tan bonito que todo el mundo me pregunta dónde lo compré. Well, técnicamente es de Ikea, de la sección ratita premium.  

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Fotos | @pepatatas.

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