La evolución de la moda durante el siglo XX (III): de 1930 a 1940

Los años 30 son años marcados sobre todo por la crisis económica y la Gran depresión. Son años en los que Hollywood consolida su estatus de creador de tendencias, y son sus estrellas las que marcan los gustos estéticos de las mujeres de todo el mundo: cejas depiladas, pelo rubio y con ondas, cuerpos atléticos y delgados.

Se impone una silueta larga, el uso de colores oscuros, las mangas toman volumen y los nuevos estampados influenciados por los movimientos artísticos como el surrealismo o el dadaísmo, suponiendo en muchos aspectos verdaderas revoluciones estéticas, llegando incluso a las portadas de Vogue como la que encabeza el post creada por Salvador Dalí.

Pero también son años de pequeñas revoluciones. Empiezan a aparecer de forma tímida trajes con pantalones o el uso de prendas más habituales del vestuario masculino en la mujer (como este traje de Elsa Schiaparelli) potenciado por el auge de los movimientos sufragistas que buscaban la igualdad, y aunque todavía era muy extraño ver a una mujer con pantalones, los trajes de chaqueta y falda sí se confeccionaban muchas veces con una visión mucho más cercana a la sastrería masculina y se empieza a generalizar el uso de la falda-pantalón.

Elsa Schiaparelli

Nacida en Roma en 1890, en el seno de una familia rica que pretendía hacer de ella una buena señora ama de casa huye de esta vida al casarse en 1914 con Conde Wilhelm de Wendt de Kerlor en Londres para escándalo de su familia. Un matrimonio que dura muy poco (se separan en 1920 tras una hija en común) pero le permite en su paso por Nueva York y París adentrarse dentro del mundillo intelectual y artístico más vanguardista de la época.

En 1927, ya en París y apadrinada por Paul Poiret lanza su primer gran éxito, un jersey de punto negro con una lazada blanca en trampantojo al cuello, que será el pistoletazo de salida a “pour le Sport” una colección en la que quiso recoger el espíritu cómodo y deportivo de las mujeres norteaméricanas que desubrió durante sus años neoyorkinos y que creó un concepto, el de la “ropa sport” que todavía hoy sigue vigente.Por supuesto esta colección fue un éxito tremendo en Estados Unidos y convirtió a las grandes de Hollywood de la época como Katharine Hepburn o Greta Garbo en clientas fieles.

En 1934 se instala en el 21 de Place Vendôme y bautiza su tienda decorada por Jean Michel Franck y Salvardor Dalí como “Schiap Shop”. Son años de gran ebullición creativa: la manga pagoda, las prendas inspiradas por el surrealismo que le hacían separar los objetos cotidianos de su entorno habitual y que convertían a un zapato en un sombrero o a unos bolsillos en cajones, el descubrimiento de la cremallera como alternativa de cierre de las prendas que aplica en su famoso vestido esqueleto perteneciente a la mítica colección de 1938 inspirada en el circo (al igual que el vestido lágrima), el lanzamiento de su perfume Shocking! cuya botella estaba inspirada en el cuerpo de Mae West y que homenajearía Jean Paul Gaultier en su célebre Classique y sus colaboraciones con Dalí en el diseño de algunas prendas la convierten en la diseñadora de moda en París junto a Coco Chanel, con la que mantenía una profunda rivalidad a pesar de moverse prácticamente en los mismos ambientes.

Pero la II Guerra Mundial trunca esta triunfal carrera, y en 1939 huye a Estados Unidos para volver en 1945 y continuar diseñado hasta 1954. Durante esta segunda etapa Hubert de Givenchy trabaja varios años a sus órdenes.

Marcel Rochas


Dos portadas de Vogue en los años 30, lo encumbraban como el diseñador para la juventud de la época ya que encajaba perfectamente en los intereses de la época: deportes, viajes y sobre todo cine. Nacido en 1902, Marcel Rochas comienza su carrera en 1925, y desde el principio se demuestra un enamorado de las formas femeninas. Lejos de las tendencias de la época sigue utilizando corsés y vestidos de corte sirena que acentúan las curvas de la mujer.

Como sus contemporáneos se vió influenciado por pintores como Éluard o Braque y también mostró interés por nuevos materiales, creando incluso uno para trajes de baño compuesto por celofán y latex en 1934.
Pero en 1955 muere y será su esposa Hélène la que continúe con la firma asentando el éxito sobre todo en sus perfumes, el gran valor de la marca.

Nina Ricci


Abre su tienda en el número 20 de la Rue de Capucines en París en 1932 y al igual que hacía Vionnet solía trabajar sus diseños sobre maniquís. Siempre fiel a un estilo romántico, femenino y con gran devoción por las flores, sus diseños calaron muy pronto entre un público que deseaba una elegancia sencilla pero sin dejar de ser refinada.

Un espíritu que hoy Peter Copping, actual diseñador de la firma, ha sabido mantener.

Mainbocher

Su nombre hoy ha caído en el olvido, pero en el momento fue uno de los hombre más poderosos de la moda. En 1929, este norteamericano abandona su puesto como editor jefe de Vogue Paris para cumplir su sueño de convertirse en modisto. Su estilo triunfa rápidamente, sobre todo al convertirse en el favorito de una compatriota suya, Wallis Simpson, considerada la mujer más elegante de la época y que lo eligió para confeccionar el vestido con el que se casaría con el Duque de Windsor, que puede verse sobre estas líneas, y que por desgracia los años han hecho que pierda su original tono azul, bautizado como “azul Wallis”.

Como todos en 1939 se vio golpeado por el inicio de la II Guerra Mundial, pero su colección de ese año presentó grandes novedades con respecto a la tendencia del momento: amplias faldas, cinturas de avispa,… abriendo camino a una tendencia que 10 años más tarde explotarían con el New Look de Dior.

Fotos | The Metropolitan Museum of Art, Vogue, Rochas, Gtres
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