Imagina que toda la gala fuera como el típico discurso eterno del presidente de la academia. Pues así todo el rato
El próximo 28 de febrero se celebra la 40º edición de los premios Goya. Una gala presentada por Rigoberta Bandini y Luis Tosar, un dúo inesperado que desde luego me parece de lo más valiente, teniendo en cuenta cómo se las gasta la gente en redes cada año machacando a los presentadores.
Y es que a pesar de que la fiesta del cine nos ha regalado momentos icónicos (cómo olvidar el cover de Los Chunguitos que se marcó Rosalía o la gala más cañera políticamente hablando, la del No a la guerra), cada año se la critica sin piedad. Y eso que en las últimas galas detrás del guión está una de las personas más graciosas del mundo en mi opinión, Laura Márquez. Aun así el mantra colectivo se repite edición tras edición: qué larga, qué pesada, qué discursos tan eternos. Vamos a ver José Ramón, esa persona que recoge su premio a mejor maquillaje o fotografía no se ha visto en otra, es su minuto de gloria. ¿Tú no le darías las gracias a tu madre, tu padre y hasta la vecina del quinto? ¡Suéltele el brazo, señor!
Pero siendo sincera, la realidad es que en estos 39 años y 40 ediciones, algunas galas han salido tan reguleras que casi se llevan por delante a sus propios presentadores. Dudo que Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes recuerden con cariño su experiencia como host, le llovieron tantas críticas que casi hunden su carrera (se hicieron virales, para mal). Vamos, que presentar los Goya a veces parece más deporte de riesgo que honor televisivo. Pues, queridos haters, si esto os parece soporífero echad un vistazo a la primerísima edición que está disponible en Rtveplay al alcance de todos. Y como una hace cualquier cosa por sus lectoras, me he propuesto ver la gala y contaros al dedillo la experiencia.
La gala que confundió solemnidad con siesta colectiva
La primera edición arranca con una escena que hoy haría colapsar cualquier retransmisión en directo: el (ahora) emérito y señora saludando uno por uno a todos los nominados. Repito: A TODOS. Sin montaje rápido, sin músiquita de fondo, sin prisa ninguna. Solo apretones de manos eternos y un audio difícil de descifrar que suena como si alguien hubiera dejado el micro dentro de una lata.
Cuando parece que por fin arranca la gran noche, lo hace con letras infinitas sobre fondo negro en plan 'La guerra de las galaxias', pero de andar por casa, que esto es Españita en los 80s. Y empiezan a llegar los invitados en lo que parece una especie de alfombra roja. Esto sí interesa, pura fantasía fashion: llega Pilar Miró con abrigo de pelo blanco, una jovencísima Ángela Molina con mantilla, Sara Montiel espectacular con melenón cardado y Marisa Paredes con pendientes en modo cascada dramática que me pondría hoy mismo. Una serie iconos absolutos que pasan tan rápido que casi no me da tiempo al salseo.
Ya estamos dentro y parece que arranca la gala pero antes, cómo no, suena el himno de España. Plano a los Reyes que están aguantando el tipo para no quedarse fritos y ya parece que empieza lo bueno. Y empieza sí, pero con una explicación detalladísima por parte del presidente de qué son los Goya, cómo funcionan e incluso cómo se fabrica la estatuilla. Una mezcla entre gala de premios y documental de La 2 pero con menos ritmo todavía. Cuando terminan las explicaciones anuncia la proyección de una película de cine mudo ¡mudo! con el único momento musical que tendrá la gala esa noche (una orquesta tocando la banda sonora que han creado especialmente para la proyección). Los asistentes se durmieron en vivo: no tengo pruebas, pero tampoco dudas.
La segunda parte mantiene el mismo espíritu: se proyectan los ganadores en una pantalla y cuando ya los hemos visto a todos los que se llevarán una estatuilla esta noche, vuelve la cortinilla de estrellas al estilo 'Star Wars' con la banda sonora de 'Regreso al futuro', no es broma. El señor presidente regresa al escenario y nos explica con todo lujo de detalles el sistema de votaciones (socorro). Por fin ''supongo'' empieza la retahíla de discursos de agradecimiento eternos con un sonido pésimo: si hay algo peor que un discurso largo y aburrido, es uno que ni siquiera se escucha. Ahora empiezo a empatizar con el gran triunfador de la noche, Fernando Fernán Gómez que ni estuvo, ni se le esperaba. Siento decepcionar a mi público, pero después de una hora no soy capaz de continuar con esta reproducción.
Cuatro décadas después, la cosa no ha cambiado tanto
Cuarenta años más tarde tenemos actuaciones virales, chistes más o menos afinados, polémicas en redes en tiempo real y gente llorando en la llorería (aka Twitter). Pero en esencia, la gala de los Goya no ha cambiado tanto. Quizá el problema es que ya no sabemos estar dos minutos viendo a alguien dar la mano sin mirar el móvil. Lo que tengo claro es que después de ver la primera gala casi al completo, todas las que vea a partir de ahora me parecerá pura comedia a reproducida a velocidad x2. Aunque solo sea por no volver a ver tres minutos seguidos de apretones de manos en prime time.
Fotos | Premios Goya
En Trendencias | El triunfo del cine de autor en los premios Goya 2026 y la reivindicación de la mirada del director
En Trendencias | Triunfaron en taquilla y festivales, pero no en los Goya: seis películas españolas imprescindibles que no se llevaron ni un premio
Ver todos los comentarios en https://www.trendencias.com
VER 0 Comentario