La pintora que pudo ser Dalí y acabó en el manicomio

El próximo 21 de abril el Museo de Arte Moderno de México inaugura la exposición Leonora Carrington. Sueños Mágicos para recordar a esta singular mujer: una artista multifacética, adelantada a su tiempo, apasionada y rotundamente surrealista, pero también una mujer que acabó encerrada en un psiquiátrico injustamente cuando entró en España. En parte, por intentar liberar a su amante, el también artista Max Ernst. Pero sobre todo por intentar vivir en libertad en una época en que a las mujeres de su especie no se les permitía salirse del guión.

Nadie mejor que la propia Leonora para contar su propia historia en la autobiografía Memorias de abajo, un texto fundamental para comprender el dolor de esta mujer. Pero también para conocer mejor el movimiento del surrealismo.

Una historia que podría ser el guión de una película de Hollywood y que comienza en el Londres más lujoso de principios de los años XX.

Perteneciente a una buena familia, Leonora fue presentada en sociedad con toda la pompa ante la presencia del rey Jorge V y parecía tener la ciudad a sus pies por su buena cuna. Pero algo se interpuso en una vida que parecía perfectamente organizada desde el principio: Leonora se enamoró del artista Max Ernst, que se encontraba en la ciudad preparando exposiciones, y se fugó con él, demostrando su personalidad rebelde y apasionada. Ya por aquel entonces ella también tenía un talento descomunal y había pintado obras increíbles, incluso la millonaria coleccionista Peggy Guggenheim le compró un cuadro.

El escándalo obligó a la pareja a huir a Francia, donde el también artista André Breton, nada más y nada menos que el fundador del surrealismo, la adoptó como una de los suyos.

Siempre a la sombra de los más grandes del movimiento, Dalí, Duchamp y Man Ray, Leonora fue una de las estrellas del movimiento, a pesar de la injusticia con la que la historia ha tratado siempre a las mujeres.

Se abrazó a su amante y al movimiento surrealista con pasión. Ambos se refugiaron en una casita de campo enSaint Martin d'Ardeche, donde se dedicaron a amarse y a producir una importante obra artística, perseguidos siempre por la familia de ella, pero también por los nazis, pues Ernst era judío.

Tras ser arrestado por segunda vez, Leonora Carrington viajó a España con el objetivo de buscar una solución para liberar a su amor. Y así llegó a Madrid, con lo que ella denominaba un terrible "síndrome de guerra": débil física y mentalmente, trastornada y terriblemente preocupada por el futuro de su amor. Síntomas de una desesperación vital comprensible, pero que alguien injustamente transformó en locura.

Su padre conspiró con las autoridades españolas y el cónsul británico para disfrazar sus salidas de tono como locura y consiguió que encerraran a Leonora en un manicomio de Santander. Sedada, medicada, atada de pies y manos, totalmente vencida y desamparada.

Aquel ingreso al final se convirtió en medio año de pesadilla: "Yací varios días y noches sobre mis propios excrementos, orina y sudor, torturada por los mosquitos, cuyas picaduras me pusieron un cuerpo horrible", cuenta la propia Leonora en su autobiografía, incluso a pesar de que hablar sobre aquella experiencia en los últimos años de su vida le seguía provocando muchísimo dolor. Pero logró sobrevivir.

Carrington sobrevivió a la terrible experiencia, en parte gracias a su inteligencia, pero también a la lectura de clásicos como Unamuno. Y poco a poco fue ganándose el respeto del doctor a quien había confiando su cargo, que la mandó unos meses más tarde de viaje con la compañía de una enfermera. A pesar de la imagen que ofrecía aquella débil señorita inglesa, logró zafarse de su cuidadora y marchó a Lisboa, donde encontró refugio en el periodista mexicano Renato Leduc, secretario de la embajada en Portugal. La pareja terminó viajando a México junto con otros inmigrantes españoles y tras divorciarse, ella decidió quedarse a vivir allí, el lugar donde más a gusto se sintió viviendo su surrealismo.

Allí se casó por segunda vez con el fotógrafo Emérico Weisz, tuvo a sus hijos y se dedicó plenamente a su obra, sin dejar que nada ni nadie le dijera cómo tenía que producir su arte. Sólo así consiguió Leonora Carrington pasar a la historia del arte como una de las artista surrealistas de Latinoamerica. Libros como Leonora Carrington. Una vida surrealista indagan más en esta singular mujer y en cómo llegó a convertirse en un referente, como artista y como mujer.

En la exposición que se inaugura esta semana, sus admiradores encontrarán muchos de sus cuadros, esculturas y dibujos ya conocidos por los fans y por primera vez los podrán disfrutar físicamente y no mediante libros ilustrados. Un ejemplo de ello es el Autorretrato de la artista, propiedad del MET de Nueva York y nunca exhibido antes en México. Para los no tan afortunados de poder visitar esta exposición siempre nos queda la posibilidad de disfrutar de la belleza de su trabajo a través de libros como Leonora Carrington: Surrealism, Alchemy and Art.

Fotos| Gtres

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