
Este verano decidí que mis pecas en la nariz no eran lo que más me gustaba después de broncearme y que a pesar de que el resto de mi piel tolera perfectamente el sol, tenái que cuidar más mi rostro. Así que cuando recorrí el paradisíaco sureste mexicano en la primera parada del viaje encontré la respuesta a mis plegarias de estilo.
No quería uno de esos grandes sombreros de playa, sino algo con un poco más de estilo y que pudiera ser perfectamente usable en otras ocasiones sin caer en las texturas más formales de tela. Así que, en Campeche descubrí la panameña local que ellos llaman jipi (no es una falta ortográfica) y que tiene la ventaja de que está hecho de una fibra natural de la región, el henequén y que por su tejido puede arrujarse, estrujarse, doblarse y vuelve a su forma original.
Es el sombrero perfecto para combinar con minivestidos o para llevarlo en la playa con cualquier tipo de bañador o bikini, pues hace que uno luzca playero al tiempo que le da a cualquier outfit un toque trendy. No se si algunas de las famosas que he podido ver este verano luciendo el mismo tipo de sombrero posean un jipi como yo, pero el sombrero panameño en sus múltiples interpretaciones es un clásico.






