Cuando mi piel empezó a reaccionar a todo y a perder luminosidad e hidratación dejé de improvisar y encontré (por fin) un tratamiento que de verdad la calmó
Llevo años intentando conseguir una rutina facial que me devuelva mi piel de antes. A ver, tampoco quiero volver a los 20 pero sí, intentar mejorar todo lo que me ha ido pasando a lo largo de estos últimos 10 años. No sé a partir de qué momento fue exactamente, pero creo que tiene mucho que ver con mis embarazos, que piel decidió ir por su cuenta.
Comenzaron a aparecerme muchas rojeces, que a veces coincidían con mis épocas de alergia a los pólenes, y brotes de granitos que se convirtieron en demasiado frecuentes. Mi piel, que siempre había sido “normal”, de repente era sensible, reactiva y bastante imprevisible.
Probé de todo. Primero yendo al dermatólogo, como buena paciente disciplinada, comprando cremas de farmacia que ninguna me funcionaba, gastando cientos de euros y no terminando ningún bote. Después opté por rutinas más minimalistas, incluso dejar de usar casi cualquier producto por miedo a empeorar la situación. Encontré una rutina que durante un par de años logró calmar un poco mi piel, pero de nuevo comencé a notar que volvían a aparecer esos granitos y rojeces constantes, sobre todo en uno de los lados de la nariz.
Hace cosa de dos meses empecé a notar que mi piel ya no solo estaba sensible, también se veía apagada, sin vida, como si hubiera perdido toda su vitalidad. Ahí fue cuando entendí que necesitaba un rescate urgente de verdad, no otro parche más.
Fue entonces cuando me recomendaron ir a un espacio donde lo primero que hacen es escucharte y analizar tu piel a fondo para darte un diagnóstico real y proponerte un tratamiento totalmente personalizado, adaptado a lo que tu piel necesita en ese momento. "Acudiste con la piel apagada, sin luminosidad y con un nivel de hidratación muy bajo. La principal preocupación era la deshidratación y alta sensibilidad cutánea, ya que no podía utilizar cualquier producto. Además, en el momento de la valoración también había pequeños brotes localizados en la zona de los laterales de la nariz, pómulos y glabela", me cuenta Irene Ampudia, responsable del Aula de la piel y formación bexpertise.
Así es mi nueva rutina facial
La primera sesión fue un tratamiento profundo en cabina y comenzar a introducir de forma alterna con mis cremas la rutina que me recomendaron. La diferencia la noté a los pocos días. Esa sensación constante de tirantez desapareció, mi piel dejó de enrojecerse a la mínima y empezó a sentirse, por fin, cómoda. No hablo de resultados mágicos de un día para otro, pero sí de una mejora progresiva y, sobre todo, real.
"Tras el diagnóstico, se recomendó un tratamiento específico para pieles sensibles de Juliette Armand enfocado en calmar la piel, reducir la reactividad y reforzar la barrera cutánea. Este protocolo ayuda a disminuir el enrojecimiento, mejorar la defensa frente a agentes irritantes y aumentar la hidratación. Debido al estado comprometido de su piel, se optó por introducir sérum de biofermentación, por su perfil más natural y altamente tolerable, evitando así posibles reacciones adversas. La respuesta fue muy positiva", cuenta la experta.
Mi rutina ahora mismo consta de los siguientes productos:
- Sensitive Cleansing Gel, para la limpieza
- Sérum de ácido fólico por la mañana
- Sérum Provital D3 por la noche
- Hydra Calming Cream para mañana y noche
Y un tratamiento en cabina que me hago mensualmente que está combinado con sesiones de luz LED de Bio-Therapeutic, porque potencian el efecto calmante y reparador.
Con el paso de las semanas, las rojeces empezaron a difuminarse y los brotes se volvieron mucho menos frecuentes. Pero lo más importante no fue solo lo que se veía, sino lo que sentía: mi piel estaba más equilibrada, más fuerte, menos reactiva ante cambios de temperatura, estrés o incluso ciertos alimentos.
Otra cosa que me sorprendió fue la textura, mi piel empezó a verse más uniforme, más luminosa... cosa que casi había olvidado de cómo era. Y aquí viene el aprendizaje que me llevo: a partir de cierta edad, no se trata de usar más productos, sino de usar los adecuados con las recomendaciones de un buen experto que sepa tratar el problema desde el conocimiento. Hay que escuchar a nuestra tu piel, en lugar de intentar forzarla a ser lo que era hace diez años pero, sobre todo, si hay algo que he aprendido es a ser constante con los tratamientos y no "dejarme" para poder mantenerla e ir mejorando poco a poco.
Fotos | Sara Hormigo, Freepik, Juliette Armand
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