
Resulta que lo importante no es si tu pelo es graso o seco sino cuál es la porosidad de su cutícula
Llevaba toda la vida pensando que conocía mi pelo. Era graso, punto y pelota. Así que mi rutina de lavado consistía en comprar productos capilares para cabello graso y ya está. Sin embargo, mientras que con este tipo de gamas las primeras veces siempre parecían prometedores, unos lavados después el pelo siempre acababa aguantándome limpio un solo día. Además de que perdía brillo cada vez que pasaba por la ducha y se veía áspero y sin vida. Estaba atrapada en el bucle de comprar, probar, decepcionarme y volver a comprar otra cosa distinta. Esta es la historia de cómo lo rompí y cómo aprendí qué ingredientes eran los peores enemigos de mi pelo, cuáles pedía a gritos y qué días debía aplicarmelos siguiendo un cronograma capilar.
De pelo graso a pelo de porosidad baja
Sin embargo, resulta que había vivido engañada y que no solo existen tres tipos de pelo (graso, seco y dañado por tintes o herramientas de calor). Todo cambió el día que descubrí en TikTok el test del vaso de agua para conocer la porosidad del cabello. Decidí probar porque, total, solo se necesita un vaso con agua y arrancarse un pelo limpio.
Ese pequeño experimento me abrió una puerta a un mundo en el que dos personas con el cuero cabelludo igual de graso podían necesitar productos completamente distintos porque el problema no está en la grasa, sino en cómo de capaz es su fibra capilar de absorber y retener la hidratación.
Tampoco puedo afirmar que este test sea una verdad absoluta ni una prueba científica infalible. Yo lo utilicé como una pista para empezar a investigar sobre mi cabello, que ha resultado ser de porosidad baja. Y la verdad es que ahora me encaja todo. Para mí, ha sido un antes y un después. No solo mi pelo luce mucho más saludable sino que me dura más tiempo limpio y, me gasto bastante menos dinero en champús y mascarillas solo porque ahora sé qué buscar y también qué dejar en la estantería.
Cómo hacer el test del vaso de agua
Lo primero es que, para poder hacerlo, el cabello tiene que estar completamente limpio. Nada de restos de aceites, sérums, mascarillas o siliconas. Lo ideal es coger un cabello que se haya caído de forma natural después de lavarte el pelo solo con un champú.
Llena un vaso con agua del tiempo e introduce el pelo sin empujarlo con el dedo hacia dentro. Simplemente, tiralo dentro y vete a hacer otra cosa. Transcurrido un rato, vuelve y observa en qué punto del vaso se encuentr el pelo.
Si permanece flotando en la superficie, tu cabello tiene una porosidad baja. Si se queda aproximadamente en el centro del vaso, hablamos de una porosidad media. Y si acaba hundiéndose hasta el fondo, el veredicto es una porosidad alta.
La explicación de por qué sucede esto es pura lógica: un cabello con la cutícula muy cerrada apenas deja pasar el agua, mientras que otro con la cutícula muy abierta la absorbe con muchísima facilidad y por eso pesa más y termina hundiéndose.
Eso sí, merece la pena insistir en que este test es solo orientativo. No sustituye al criterio de un profesional y no tiene por qué describir perfectamente tu cabello. Aun así, como punto de partida para elegir mejor los productos en los que invierte, resulta sorprendentemente útil.
Primeros pasos (sin abrumarse)
Hasta aquí todo habrá sido coser y cantar pero, ahora que tienes tu diagnostico capilar, empieza la parte más abrumadora de todo el proceso: aprender qué ingredientes te van bien y cuáles debes evitar a toda costa. Es un descenso por la madriguera inevitable en el que pasarás muchas horas investigando y leyendo muchas (pero que muchas) etiquetas de ingredientes.
Es muy importante que no te fíes de lo que diga el marketing de un producto, tienes que ir en busca de tus nuevos productos con tiempo de leer todos y cada uno de los componentes del INCI porque es muy fácil que se cuele algún aceite demasiado pesado para tu porosidad o una proteina que no necesitas, etc. Así que, tómatelo con calma y échale paciencoa porque es una fase de ensayo y error en la que tendrás que encontrar cinco productos distintos (dos champús y tres mascarillas) que te vayan bien mientras que un montón de información nueva se apelotona en tu cabeza de forma caótica.
A mí me llevó un par de semanas reunir mi starter pack de porosidad baja (spoiler: y aún así se coló una proteina en una mascarilla y no terminé de acertar con la textura de otra). Así que también recomiendo ceñirse a un presupuesto low cost para empezar. Todavía estamos aprendiendo y es muy probable que nos equivoquemo incluso después de haber releido 10 veces un INCI. Dicho esto, a continuación te dejo una chuletilla de la que empezar a tirar del hilo sea cual sea tu porosidad.
Porosidad Baja: el búnker impenetrable
Las cutículas están tan sumamente juntas y cerradas que forman una barrera casi impermeable. Tanto al agua como a los productos capilares les cuesta la vida entrar. Encima, se quedan una eternidad adheridos a la superficie. Así que es el típico cabello que tarda en mojarse y en secarse, y en el que los productos suelen crear película.
- Ingredientes aliados: Humectantes ligeros como glicerina, aloe vera, miel y ácido hialurónico. Los aceites que sean de molécula pequeña para que puedan deslizarse entre las cutículas, como el aceite de argán, de almendras dulces, de jojoba, etc.
- Ingredientes a evitar: Mantecas pesadas (como la omnipresente de karité) y aceites densos (como el de coco), ya que se quedarán en la superficie creando un horrible efecto apelmazado. También combiene reducir al mínimo las proteínas (queratina, colágeno), porque saturan la fibra con una facilidad espasmosa.
- Tipos de producto ideales: Fórmulas con base acuosa, texturas en gel, leave-ins de textura líquida y un champús clarificante para usar de vez en cuando y evitar la acumulación de residuo. Además, lo ideal es usar siempre agua tibia o incluso una toalla caliente (si quieres ponerte muy pro) para abrir la cutícula antes de aplicar tu mascarilla.
Porosidad Media: El equilibrio idílico
Dicen que en el término medio está la virtud y es una máxima que aplica también al pelo. Este tipo de porosidad es la joya de la corona. Las cutículas están perfectamente equilibradas: son lo suficientemente flexibles para dejar entrar la hidratación y lo bastante cerradas para retenerla. Es un cabello agradecido, que responde de maravilla a los cambios de rutina y retiene bien el peinado. Aún así, necesitas sus cuidados.
- Ingredientes aliados: Prácticamente todo el espectro cosmético le sienta bien pero lo ideal es buscar un balance saludable entre hidratación (extractos botánicos) y nutrición moderada (aceite de oliva, de aguacate o mantecas ligeras).
- Ingredientes a evitar: El principal enemigo aquí es confiarse demasiado. Evita el abuso de siliconas no solubles (como la dimeticona, sobre todo si no tienes un champú que la limpie bien) para no alterar el equilibrio natural, y huye de los sulfatos excesivamente agresivos que puedan resecar y subir la porosidad.
- Tipo de producto ideal: Mascarillas acondicionadoras equilibrantes y cremas de peinado de textura líquida o ligera. Es un tipo de pelo que solo requiere mantenimiento y los mimos habituales.
Porosidad Alta: La esponja que todo lo pierde
Es muy común en pelo rizado, pero también suele ser el resultado de procesos químicos (decoloraciones, tintes) o abuso de herramientas térmicas. Las cutículas están completamente abiertas, levantadas y dañadas. El agua entra de inmediato, pero de la misma forma en la que entra, se evapora. Es un pelo propenso al encrespamiento, de tacto áspero y que se seca en una velocidad récord.
- Ingredientes aliados: Necesitas selladores potentes y reparadores de la estructura. Tus mejores amigos a partir de ahora serán las proteínas hidrolizadas (de trigo, seda, queratina) para rellenar los huecos de la cutícula, junto con mantecas ricas (karité, murumuru) y aceites pesados (aceite de coco, de ricino o de macadamia) que actúen como un escudo protector.
- Ingredientes a evitar: Alcoholes secantes (como el Isopropyl Alcohol o Alcohol Denat), muy comunes en sprays de fijación y que deshidratan la fibra de forma inmediata. Evita también los champús con sulfatos.
- Tipo de producto ideal: Tratamientos reconstructores de proteínas, mascarillas ultranutritivas, acondicionadores sin aclarado densos y aceites de acabado para sellar las puntas.
La práctica: el cronograma capilar
Ahora que conocemos la teoría toca ponerla en práctica y es que para aplicar este método hay que seguir un calendario de lavado del pelo en el que, en lugar de usar siempre los mismos productos, los vamos alternando.
Esta rutina organizada de cuatro semanas que va rotando las mascarillas es lo que se conoce como "cronograma capilar" y tiene como objetivo cubrir las tres necesidades básicas de toda fibra capilar: hidratación, hutrición y reconstrucción. Además, en lo días detox o de clarificación conviene cambiar el champú habitual por uno clarificante para retirar los residuos que se hayan ido acumulando en el pelo con el tiempo. Eso sí, qué te toca cada día dependerá de tu tipo de porosidad.
Básicamente, una porosidad alta necesita más sesiones de reparación al principio. Mientras que la porosidad baja y media, mantiene un mayor equilibrio entre hidratación y nutrición, dejando la reconstrucción para días muy puntuales.
Eso sí, conviene tener en cuenta que la porosidad puede cambiar con el tiempo, los tratamietos y daños que sufra nuestro pelo así que conviene repetir el test de vez en cuando.
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