Ni en las cejas nos libramos de las canas pero podemos cubrirlas en minutos, de forma fácil y sin dramas
Nadie te prepara en la vida para ese momento en el que te acercas al espejo y descubres ese primer pelito blanco en la ceja. En el pelo lo esperabas, vale, ¿pero en las cejas también? Pues sí. Igual que el pelo, las cejas también encanecen. No pasa nada, mucha gente opta por dejarlas tal cual, aunque lo cierto es que cambian bastante la expresión del rostro.
Ya sabemos que las cejas no son un detalle menor sino que enmarcan la mirada, equilibran los rasgos y, en muchos casos, incluso sostienen todo el efecto de eso que llamamos "buena cara" sin que nos demos cuenta. Por eso, cuando aparecen las canas, hay quien decide ignorarlas y quien prefiere recuperar su tono de siempre.
Lo primero: por qué aparecen (y por qué no es ningún drama)
Detrás de esas canas hay un proceso bastante simple: el cuerpo deja de producir melanina en ciertos folículos. Es decir, el pigmento que da color al pelo (también al de las cejas) empieza a escasear.
La genética suele tener bastante que decir aquí (gracias, ADN), pero no es el único factor. El estrés oxidativo o incluso algunos hábitos como fumar pueden acelerar el proceso y adelantar ese momento en el que el vello pierde color.
Aun así, no existe una edad fija para que aparezca la primera cana. Hay quien empieza a notarlo a los 20 y quien no ve una hasta bien pasada la cuarentena. Nada de esto indica un problema de salud. Solo es la biología haciendo lo suyo.
Cómo teñir las cejas en casa sin parecer que te has dibujado la cara (importante)
Si eres de las personas que, ante esta situación, ha decidido seguir apostando por cejas con color, puedes aprender a teñírtelas en casa. Es un proceso que puede asustar de primeras pero, en realidad, es de esos trucos beauty que resuelven mucho en muy poco tiempo.
Eso sí, no vale improvisar con cualquier tinte. Las cejas necesitan productos específicos, con formulaciones más suaves y pensados para una zona tan delicada como es la zona que rodea los ojos. A partir de ahí, todo es menos técnico de lo que parece.
Empieza con la piel limpia, sin maquillaje ni restos de crema. Parece obvio, pero cuanto más limpia esté la zona, mejor se fijará el color. Después, aplica un poco de vaselina alrededor de las cejas (o una crema densa) para evitar manchar la piel.
El tinte se prepara siguiendo las instrucciones del producto concreto que hayamos adquirido (aquí conviene no venirse nunca arriba con la creatividad). Después luego llega el momento clave: aplicarlo con calma, cubriendo bien las canas pero sin exceso de producto. Como sucede, por ejemplo, con la aplicación del colorete, es mejor ir poco a poco que pasarse y acabar con unas cejas que parecen de rotulador.
El tiempo de espera suele ser corto, entre cinco y diez minutos. Si dudas, quédate en un punto medio tirando a bajo las primeras veces que lo hagas, mientras le pillas el punto al tiempo que necesitas para el resultado concreto que buscas. Siempre puedes repetir el proceso si te quedas corta, pero bajar la intensidad después es más complicado.
Para asegurarte de que el tinte llega bien a todos los pelos, puedes ayudarte de un goupillon peinando las cejas en distintas direcciones. Para retirarlo, una vez transcurrido el tiempo de aplicación, basta con un algodón húmedo y un poco de paciencia. Nada de ponerse a frotar como si no hubiera mañana.
El truco está en el tono (y en no obsesionarse)
En realidad, en conseguir dar con el tono adecuado es donde nos la jugamos todo. Mientras que elegir un color demasiado oscuro puede endurecer las facciones y la expresión, uno demasiado claro no hará nada.
Lo más favorecedor suele ser mantenerse cerca de nuestro tono natural, incluso uno que esté ligeramente por debajo si buscas un resultado más fino. La idea no es que se note que te has teñido las cejas, sino todo lo contrario. Que pasen desapercibidas de forma natural y armoniosa en el conjunto de tu cara.
Otros pequeños detalles que marcan la diferencia
Antes de lanzarte, solo hay tres cosas más que conviene tener claras. La primera es hacer siempre una prueba de alergia. La segunda, evitar teñirte justo después de depilarte porque la piel estará más sensible. Y la tercera, como ya hemos apuntado: menos es más, especialmente las primeras veces.
Teñir las canas de las cejas no requiere pedir cita en un salón, de adquirir un gran gasto más al mes ni es necesario tener grandes habilidades. Tampoco es un proceso que requiera dedicarle una hora de tu vida. Solo necesitas un espejo, un poco de pulso y saber ir con paciencia.
Foto de portada | Shiny Diamond
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