Mi primera cana, ¿y ahora qué hago?

Pues sí: hace poco llegó ese momento en el que me miré en el espejo y descubrí en medio del flequillo (no podía ser en un sitio más discreto, no) un pelito plateado que destacaba sobre todos los demás. Mi primera cana, con 31 años. ¿Y ahora qué hago?

No os engañaré: la primera reacción fue pensar "WTF? ¿Y esto?" y maldecir en arameo el paso de los años. Luego ya se me pasó y pensé que es un proceso totalmente natural, y que hay mucha gente que las luce con orgullo. ¿Qué hacemos ante las primeras canas? ¿Dejamos que cunda el pánico o actuamos con naturalidad?

¿Por qué nos salen canas?

En nuestro cuero cabelludo están ubicados los folículos pilosos, donde se encuentran las raíces de nuestro cabello. En el folículo piloso se encuentran células pigmentarias que producen melanina, la sustancia que da color a nuestro cabello. Como todas las células de nuestro cuerpo, también las células pigmentarias van dejando de funcionar con el paso del tiempo, y por eso aparecen los pelos blancos o plateados, carentes de pigmento.

La aparición de canas es multifactorial, es decir, que tiene que ver con distintos factores, algunos de los cuales podemos controlar y otros no. El factor más importante aquí es el genético: lo llevamos escrito en nuestro ADN. Echa un vistazo al álbum familiar de fotografías: ¿tus padres peinaban canas cuando tenían tu edad? ¿Lucen una bonita cabellera blanca ahora? Entonces es muy posible que te suceda lo mismo.

Otra de las causas más frecuentes de la aparición de canas esporádicas es un aumento de los niveles de estrés, una alimentación deficiente e incluso algunas enfermedades como el hipotiroidismo o la anemia perniciosa. En el caso del estrés y la alimentación sí que tenemos voz y voto para mejorarlo: intenta relajarte y lleva una alimentación equilibrada y que sea rica en antioxidantes, vitamina B1 y B2.

El arma número uno para luchar contra las canas: el tinte

La verdad es que la primera idea que vino a mi mente cuando vi la cana (he visto tres o cuatro desde entonces, y esto fue hace tres meses más o menos) fue la de teñirme. Una idea que no me gustaba nada porque hace ya mucho tiempo que llevo mi cabello de su color natural, castaño oscuro, sin ningún tipo de tinte, reflejos ni mechas. Durante muchos años he llevado hecho el alisado japonés, un tratamiento que no admite decoloraciones y para el que no recomiendan el tinte, de modo que mi color es el que hay.

Pensé en un tinte permanente o en un baño de color, del mismo tono que mi pelo: total, solo tendría que repasar las raíces cada dos o tres meses y listo. Pero después de haberme hecho de todo (y subrayo "de todo") en el pelo, cualquier químico que pueda dañarlo me tira mucho para atrás. Además, no me apasiona la idea de ser "esclava del tinte", expresión que mi madre me ha dicho toda la vida, y tener que hacerme las raíces cada dos por tres, para tres canas que tengo.

Luego pensé en un tinte vegetal, mucho menos agresivo y que permite cubrir las canas de forma igualmente efectiva. Pero se mantiene mi problema de que no quiero teñirme cada dos por tres.

También me dio un arrebato en el que pensé en teñirme en plan Daenerys Targaryen que, por suerte, enseguida deseché. Demasiado radical.

La actitud ante las primeras canas

Cubrir o no cubrir nuestras canas y cuándo hacerlo debe ser una decisión que tomemos cada una de nosotras, sin tener en cuenta lo que te dice la sociedad o los anuncios de televisión. Si ves aparecer tus primeras canas, ten en cuenta lo que estas significan: más allá del paso de los años, inevitable para todos, puedes verlas también como un signo de madurez, de que ya tienes una cierta experiencia a tus espaldas.

Dejarse las canas vistas, además de una cuestión de estética (bastante de moda últimamente) es una cuestión de actitud: de reivindicar que la belleza no solo puede darse en la juventud, y de que las canas y las arrugas, cuando lleguen, también son bellas. Llevar las canas con orgullo requiere una fuerte personalidad, y pueden ser muy atractivas en mujeres maduras.

La opción de cubrirlas con tinte también es muy válida: de este modo podemos optar por un tinte permanente, vegetal o un baño de color, manteniendo nuestro tono natural o cambiándolo si eso nos agrada. El momento de cubrir las canas puede ser el ideal para pensar en un cambio de look que nos haga sentirnos mejor por fuera y también por dentro.

Yo, de momento, las dejaré como están: son pocas y apenas se ven, así que no es algo que me preocupe en exceso. En un futuro no me gustaría teñirme, pero nunca puedes decir "de este agua no beberé". La imagen que acompaña este párrafo es una foto de Cecilia, una organizadora de viajes en Venecia que optó por dejar sus canas naturales, y mirad qué tono tan bonito luce.

¿Qué decís? ¿Tapamos las canas o las mantenemos al natural?

Imágenes | Marta Chic, Sotzie Q, iStock
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