Lolita Lempicka visita Madrid con motivo del lanzamiento de su nueva fragancia "Elle L'Aime"

Ayer, Lolita Lempicka estuvo en Madrid. Hacía quince años que Mme. Lempicka no visitaba la capital por motivos de trabajo, aunque luego me confesó que es una enamorada de España, y que le encanta Marbella. ¡Con un nombre tan español ci voleva!, como dicen nuestros vecinos los italianos.

La razón que le ha hecho desplazarse con todo su equipo - incluidos Christine Nagel y Serge Majoullier, maestros artesanos perfumistas de primer orden -, ha sido el lanzamiento de su última fragancia, la cuarta de sus retoños olfativos, como ella misma aseguró, porque de los de carne y hueso sólo tiene tres, aunque le hubiese gustado haber tenido un cuarto.

El caso es que el recién nacido ha llegado en el momento justo, después de un largo embarazo que ha durado cuatro años. Porque la semilla estaba ahí, al igual que el resto de los ingredientes que conforman el ADN de la marca, sólo que ha hecho falta todo este tiempo para que supiesen verlo.

Empezando por el nombre. Porque si tomamos la L de Lolita, en francés se pronuncia "elle" (sí, sí, como la revista), y si a eso le añadimos la primera sílaba del apellido de la gran pintora Tamara de Lempicka, LEM, el resultado es un maravilloso juego de palabras que acaba proporcionando el nombre que andaban buscando para bautizar a la cuarta fragancia femenina de la familia: "Elle L'Aime".

La unión gráfica y sonora de todas estas letras crea una historia de mujeres, que late desde siempre en el corazón de su nombre y que quiere enviar un mensaje universal que no es otro sino el del amor.

La nueva fragancia es un perfume que envuelve a las personas enamoradas en una emoción intensa y luminosa, con el corazón latiendo como un caballo desbocado, haciéndolas trascender a otra dimensión. Este es, por lo menos, el mensaje que nos han querido transmitir el realizador y la fotógrafo noruegos Dusan e Hilde Reljin, a través de un precioso fashion film interpretado por la modelo rusa Sasha Pivovarova que evoluciona con las notas de fondo de la canción “Can’t help falling in love”, interpretada por Patti Page.

Como os decía al principio, la presentación del nuevo perfume tuvo lugar en los salones de un precioso palacete ubicado entre el Paseo de la Castellena y la calle Serrano. Allí, nada más entrar, te sentías atraído como por un imán por enormes letras doradas que caían sobre una mesa circular como si fuesen un moderno chandelier.

Me acerqué para poder ver todo lo expuesto sobre esta barra circular de cristal y, entonces, se me acercó el mismísimo Serge Majoullier.

Quizá os suene más el nombre de Christine Nagel, que es quien ha colaborado siempre con Lolita Lempicka en la realización de todas sus fragancias, pero Serge, además de nariz, es un maravilloso alquimista, y puede apuntarse el mérito de haber logrado hacer de un aceite un perfume prodigioso.

El caso es que tuve la suerte de que me hablase de este nuevo floral blanco cuya composición está elaborada por un cincuenta por ciento de materias primas naturales. Se dice pronto, pero esto es algo, no sólo excepcional, sino también costosísimo. Y sólo ha sido posible gracias a la utilización de la tecnología más avanzada.

Majoullier me fue explicando que Christine Nagel quiso enriquecer el corazón de la flor blanca del jazmín puro y del ylang-ylang con la intensidad petillante de la lima verde para despertar una sensación embriagadora.

Pero, además, como querían una fragancia de una exquisita voluptuosidad, se enfrentaron al desafío de incluir también la sensualidad carnal, brillante y luminosa de la pulpa de coco natural, inventando así una nueva flor blanca, conceptual, y de aroma reconfortante. El resultado: un acorde único hecho de materias primas naturales y raras: flor de coco luminosa y sensual, jazmín puro y carnal, petillante lima verde, y mirra embriagadora.

Al interesarme por la mirra, un ingrediente tan precioso como antiguo (recordad que fue uno de los presentes que llevaron los Reyes Magos de Oriente), Serge Majoullier me contó que en Namibia, existía una tribu, los Himbas cuyas mujeres, altas y fuertes como walkirias, acostumbran a embadurnarse todo el cuerpo (incluido el pelo) con un mejunje compuesto por grasa, tierra ocre y mirra que extraen de unos pequeños arbustos locales.

Pues bien, los laboratorios que fabrican la nueva fragancia, compran toda la producción de la mirra procedente de estos arbustos a las mujeres de esta tribu para ayudarles a sacar adelante a sus familias. ¿Os vais dando cuenta cómo, efectivamente, se trata de una historia de mujeres?

Honestamente, aunque la fragancia era una pura maravilla, he de reconocer que, a mí, lo que de verdad me ha rechifaldo es el packaging, pero sobre todo el frasco. Un cilindro de cristal que desprende una hipnótica luz dorada. No sé por qué, pero a mí me recordó al famoso cripex de El Código Da Vinci cuyo dispositivo cilíndrico transportaba mensajes para quienes supiesen leer entre líneas su intrincado misterio.

La hoja de hiedra que aparece en la parte superior del tapón y sellando el packaging simboliza los complejos lazos del amor, pues esta planta que se llega a enroscar tanto que parece formar parte misma del lugar, muere si se la despega.

Pero, aquí no acaba todo, en un rincón de uno de los salones, Margarita Arjona y Javier Arcos, con la inestimable ayuda del interiorista Ramón Marín, habían montado un precioso tocador que podríamos haber calificado de barroco por sus tonalidades rojo bermellón y cornucopias doradas, salvo que era el espacio que habían reservado para presentarnos la que, probablemente, fuese la novedad más grande de la firma Lolita Lempicka: una nueva línea de barras de labios a la que han llamado "Mon Rouge". Pero como me estoy extendiendo mucho y es una novedad importante, creo que lo voy a reservar para otra entrada.

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