La vía láctea para mejorar la hidratación de nuestra piel

Utilizar a diario una leche corporal es un gesto de belleza esencial para conservar una piel suave e hidratada. La vocación principal de una leche corporal debería consistir en procurar hidratar la piel en profundidad porque, al estar elaborada con lípidos y con un porcentaje importante de agua, constituye un elemento de nutrición excelente tanto para el cuerpo como para el rostro. De esta forma, la epidermis permanecerá siempre firme y elástica, ¡si recordamos aplicárnosla a diario!

La diferencia entre una leche corporal y una crema hidratante reside en la textura. La leche es capaz de penetrar en la piel con mayor rápidez, ya que se trata de un fluido, lo que permite que la podamos utilizar por la mañana y por la noche sin tener que eternizarnos en el cuarto de baño.

Aplicarse diariamente una leche corporal es también una manera de preservar la propia piel de las agresiones exteriores como la contaminación, el polvo, el humo, etc. ya que crea una agradable barrera sin resultar pegajosa o dejar una película grasa sobre la epidermis.

Para elegir la leche corporal que mejor se ajusta a nuestra necesidades, tenemos que tener en cuenta cuál es nuestro tipo de piel. Para las pieles secas es mejor optar por una leche enriquecida con aceite de nueces de Macadamia o de Argan para una hidratación más intensa y duradera.

Para las pieles sensibles, es mejor decantarse por una leche corporal ligera y refrescante. Las pieles normales pueden elegir las leches corporales que más les gusten. Nuestro consejo es que procuréis buscar las que no tengan un perfume demasiado fuerte que pueda agredir al olfato o a la piel.

En cuanto a la forma de aplicarla, lo ideal es utilizarlas por la mañana y por la noche sobre la piel limpia y seca. Cuando vayáis a comprarla, probar primero un poquito sobre vuestra mano para comprobar si la textura y el olor os gusta, porque os acompañaran durante todo el día.

Tenéis que aplicaros esta leche por todo el cuerpo, insistiendo en las zonas que tienden más a secarse como los codos, las rodillas o la planta del pie, de este modo evitaréis el efecto “piel de cocodrilo” tan desagradable.

Lo mejor es hacer que el producto vaya penetrando en la epidermis mientras lo masajeamos junto con la piel con suavidad, para que aguante bien hasta la siguiente aplicación. Además, los masajes relajan y mejoran la circulación sanguínea para que nos sintamos frescas y ligeras.

Este verano no te olvides de incluir una buena hidratante en tu neceser de playa si no quieres que tu piel se parezca a la vía láctea...¡de la foto del visual!

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