¿Es tan bello un rostro cuadrado como uno ovalado, o una nariz ancha como una fina?

Para la pregunta del titular hay tres opciones de respuesta: la primera es no, si tenemos la creencia de que la belleza se mide en función de la simetría facial, la segunda es sí, por supuesto, si estamos convencidas de que puede haber guapura en todas las formas (el rostro cuadrado de Diane Kruger es un buen ejemplo), y la tercera, que es por la que más me inclino de momento, vendría a ser algo como ¡Qué más da!

En los medios cada vez aparecen más mensajes positivos, alegres y “antiestereotipos” con el fin (dicen) de elevar nuestra autoestima. La publicidad unas veces es amiga y otras en cambio, con sus modelos photoshopeadas hasta la perfección, sigue siendo tirana.

Las actrices se hacen selfies con la cara lavada, mientras los tutoriales de contouring para disimular nuestros defectos crecen exponencialmente cada día. La sensación que me queda de todo esto es que al final es difícil sentirse bien sea cual sea la alternativa que elijas. Si te maquillas habitualmente te sales de la tendencia de “ser natural” pero si tus facciones no se adecuan a “lo correcto” es fácil pensar que deberías hacer algo al respecto.

Emociones encontradas como las que produce el vídeo El poder del maquillaje, donde una chica transforma (con mucho talento) su rostro en el de prácticamente otra persona distinta.

¿Ganamos con el cambio?

Es verdad que los resultados del contouring, en su versión más extrema, suelen ser impresionantes, pero, realmente ¿son para mejor? Viendo este tutorial, y las fotos de la modelo con el antes y el después, si solo pudiera elegir una de las dos, creo que me quedo con la primera, cuando todavía no lleva nada.

Realmente, veo más posibles “defectos” en su rostro, en el intento de cubrirlos, que antes de hacerlo, donde para mí son imperceptibles. Por no hablar de la parte práctica de maquillajes de este estilo, porque si solo te ves bien después de toda una sesión de capas y capas de chapa y pintura, ¿qué pasará al ir a la playa, al gimnasio, a la piscina, a correr o simplemente al despertarte por la mañana en una casa ajena?

Además, aunque esto ya es muy subjetivo, me parece que esta chica estaría infinítamente más guapa con menos excesos, simplemente con un poco de polvos y un maquillaje más discreto en ojos y labios.

Una cuestión de actitud

Cada persona tiene que encontrar lo que le haga sentir mejor y no seré yo la que niegue que el maquillaje y los cosméticos suelen resaltar la belleza, pero al final el discurso de “estás preciosa tal como eres” y el de “si algo no te gusta escóndelo o cámbialo (mediante cirugía)", no son tan diferentes, porque los dos se centran únicamente en la aceptación de los demás, o bien en que les parezcamos guapas como somos o en moldear nuestra apariencia para adaptarla a los gustos generales.

Sí, ya sé, también lo hacemos por nosotras mismas, pero ¿alguien se haría un contouring todas las mañanas si viviera en una isla desierta? Vale, puede que Kim Kardashian, pero el resto, seguramente dejaríamos de estar pendientes del maquillaje una buena temporada.

En el intento de vernos mejor hay una línea contínua que va desde una coquetería sana y un placer por cuidarse, hasta las comparaciones constantes, los complejos, el malestar emocional o las auténticas obsesiones. No se trata de sentirnos moralmente superiores (como bien apuntaron anteriormente en un comentario) por aceptarnos con menos maquillaje, pero cuanto más vueltas le demos a nuestro aspecto físico, más probabilidades hay de que avancemos hacia el polo negativo de esa línea, independientemente de que nos arreglemos más o menos.

¿Hubiera llegado Uma Thurman a triunfar como actriz si se hubiera puesto a pensar todo el día en el tamaño de su nariz en lugar de en cómo mejorar en su carrera? Yo ni siquiera me había dado cuenta de que tenía la nariz grande, hasta que la encontré un día en uno de esos rankings “de narices”.

Al final vemos a las personas en su conjunto, y su actitud y su forma de ser nos dicen mucho más de ellas, que la forma de su rostro o la altura de sus pómulos. ¿Será verdad eso de que la belleza está en el interior? No sé si me atrevería a decir tanto, pero lo que sí tengo clarísimo es que hay más felicidad en prestar atención al exterior, pero no precisamente al nuestro, sino en el sentido de disfrutar de lo que nos rodea, mirando más a los demás y un poco menos al espejo.

Así que volviendo a la cuestión inicial ¿es tan bello un rostro cuadrado como uno ovalado, o una nariz ancha como una fina? Parafraseando a Clark Gable en Lo que el viento se llevó, mi respuesta definitiva es: Francamente, querida, me importa un bledo

Y vosotras ¿Con qué opción os quedáis?

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Fotos | CordonPress

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