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Pones los ojos en blanco cuando escuchas una declaración que rezuma purpurina. Te tapas los ojos con la mano al ver una escena de una peli que te da toda la vergüenza ajena del universo. Le dices a tu mejor amiga aquello de “tía, estás de un atontado que para qué” cuando se cuelga —y mucho— de su último ligue de Tinder. ¿Alguna por aquí se identifica con el retrato robot de una hater del amor?

Nosotras también somos muy de eso. Pero este San Valentín nos hemos propuesto dar un buen giro de guion. Porque, en el fondo de nuestro corazoncito (sí, ese que no es tan témpano de hielo como pueda parecer), esta fiesta de los cupidos, los bombones y las rosas rojas nos hace gracia. Y, con la boca pequeña, diremos que… hasta nos gusta.

Pensándolo bien, ¿es que acaso no es genial tener una excusa para celebrar lo mucho que nos queremos? Sí, nos queremos. Porque la llamada “fiesta del amor” también puede ser la excusa ideal para decirnos cuánto nos amamos a nosotras mismas y darnos ese caprichazo de la nueva colección de Desigual que nos tiene enamoradas (nunca mejor dicho).

In love del amor

Suena a tópico, sí, pero San Valentín es el momento perfecto para recordar historias de relaciones estrambóticas, locas o inesperadas y celebrar que el amor no conoce de fronteras, edades, sexos o estilos de vida. Porque todos sabemos de esa pareja de amigos que se conocieron por internet y que, aunque al principio nadie daba un duro por ellos, hoy siguen juntos y felices. Como la bloguera Leni y el ingeniero David —en la imagen de abajo— que se encontraron en Berlín y que son una pareja de esas de lo más inspirador.

Sí, no son los únicos: todos tenemos también en nuestras vidas a esos dos tortolitos que empezaron a salir en el colegio y que, casi quince años después, te acaban de invitar a su boda. Un sarao para el que tú, por supuesto, ya tienes fichado el vestido que te vas a poner.

¿Ahora que hemos abierto el melón de las historias bonitas te ha dado el ansia por conocer más? Pues piensa en Didi y Mónica, transexual que trabaja en el mundo de la noche la primera e ingeniera la segunda y una pareja que —además de ser de lo más guay— encarna a la perfección aquello del #lovewins.

Friendship never ends

Las Spice Girls, uno de los pilares de la cultura pop noventera, lo dejaron muy claro a los futuros y potenciales novios: “si quieres ser my lover, tienes que llevarte bien con mis amigas”. Porque ellas estaban mucho antes en nuestra vida, son las que mejor nos entienden en los días de bajón post final de temporada de ‘Big Little Lies’ y las únicas dispuestas a acompañarnos de compras en una tarde de rebajas en la que acabamos llevándonos a casa esa sudadera tropical aunque fuera de la tienda esté nevando.

¿No son esos motivos suficientes para celebrar con ellas San Valentín? De acuerdo, la reunión se convertirá más en una quedada a lo ‘Chicas malas’ que en una velada romántica. Pero esas declaraciones de amistad eterna tras una buena tanda de confesiones —y unos buenos brindis— nos hacen mucho más felices que las citas a la luz de las velas en restaurantes italianos en los que, te guste o no, acabas bebiendo lambrusco.

“Esa es la peor de mis pesadillas”, dirás tú, la que siempre conoce los restaurantes recién inaugurados de la ciudad y se muere por probar los baos que preparan en ese bao-bar del barrio cool que, por supuesto, es tu favorito. Ajá. ¿Y por qué no darle la vuelta al peor plan posible y convertirlo en una noche divertidísima en la que, además, estrenes tu nueva cazadora favorita?

Plantarte con tu chico —o tu chica— a cenar una pizza margarita en un Luigi’scualquiera atestado de parejas —e ir riéndoos de todos y cada uno de los tópicos de San Valentín— será la mejor forma de daros cuenta de que cualquier sitio, por poco molón que te parezca, puede ser especial si estáis juntos.

Sí, tú no eres de esas que sueñan con darle un bocado a una panacotta y encontrarse un anillo de matrimonio (siempre piensas que te atragantarías del susto en el hipotético caso de que eso sucediera). Pero siempre es buen momento para recordar cómo empezó todo, cómo os conocisteis, lo mucho que te reíste con sus primeros bailes desinhibidos en la discoteca y lo raro que fue aquel primer beso en la calle.

Porque, en realidad, de eso es de lo que estamos in love: de poder enamorarnos de quien nos dé la gana, cuando queramos y como nos apetezca. Y, sí, quizás este San Valentín sea el momento de que tú, la chica de los jeans originales, invite a esas cañas post jornada de trabajo al chico encorbatado del despacho de enfrente. No lo dudes: love is unexpected.

Imágenes | Desigual

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