Ya sé que vestido quiero para estas fiestas: este magnífico little black dress engarzado con cristales sobre tul de efecto desgarrado en escote, mangas, y bajos, firmado por Balmain para su coleción de verano 2009, que llevó ayer una Sarah Jessica Parker en estado de gracia a la apertura de la temporada de ballet en Nueva York. No hay que darle más vueltas. Es él.
Más Carrie Bradshaw que nunca y del brazo de un Valentino igual de moreno que siempre, Parker hizo lo que mejor sabe hacer: desencajar mandíbulas, y sí, digo bien, sin exagerar.
Si bien sus últimos looks han sido de lo más clásico, Sarah ha vuelto en estado puro con uno de esos looks de rompe y rasga (y nunca mejor dicho) porque lo que parece un perfecto vestido negro, formal, de corte recto y media manga es un minivestido drapeado, de corte asimétrico, y con agujeros, simplente genial.






