
Nadie se sorprende ya, cuando se habla de unos artistas más por su vida o estilo en el vestir, que por su música, ya que ésta última poco a poco se va convirtiendo, por desgracia, en un mero telón de fondo para saltar al estrellato o pasar el tiempo libre gastándose los dolares de otros (¿alguien me explica cómo Nicole Richie entró en la música a parte de por la fama de su padre?).
El caso es que los artistas saben de este hecho y sus conciertos cada vez son más pasarelas donde contemplar los últimos modelos que recintos hechos para escuchar la mejor música. Beyoncé Knowles y Fergie no son una excepción y se alían con las mejores marcas para salir al escenario.
El caso de la ex Destiny’s Child es evidente desde que empezó su carrera. Siempre ha tenido su físico por delante a su música (y eso que la producción de algunos de sus temas la ha hecho firmar grandes hits), en videoclips, en apariciones en público y en los conciertos, donde siempre busca la coreografía más espectacular para eclipsar el hecho de que cantar… lo que es cantar, nada.






