
Las últimas temporadas de Jil Sander han sido espectaculares, lo que le han llevado a Raf Simons a recibir todos los elogios tanto de crítica (donde es considerado uno de los intocables) como de público. Desde 2005 lleva como diseñador creativo y aunque es difícil olvidar al diseñador alemán Sander, el belga (como algunos le llaman) se ha asentado con paso firme.
En Milán volvió a ofrecer una de esas colecciones que gusta ver encima de la pasarela, basada en la geometría, en el placer visual y el minimalismo bien entendido. La clase de la firma, perfecta tanto para la calle a la hora de ir elegantes y bien vestidas como para cualquier cóctel, es el leitmotiv de Jil Sander, la cual Prada vendió el pasado septiembre a la compañía japonesa Onward.
Los abrigos largos y finos son unas de las bazas de Jil Sander, al igual que lo son los vestidos de cortes rectos y clásicos, mangas cortas y la figura jugando a encontrarse y a dar un margen mayor al cuerpo femenino, como pasa con los pantalones, los cuales se establecen en la raya.









