
El efecto drapeado es tan apetecible y refinado como algo complicado. Paul Poiret hizo de él su buque insignia y adornó la silueta de la mujer con suntuosas telas utilizando esta ténica directamente sobre la modelos en lugar de cortar y coser las piezas como se había hecho hasta el momento.
Lo aplicaba en bustiers o corpiños (que no corsés, que precisamente él libró a la mujer de su atadura de cintura para arriba), faldones, y vestidos, dándole a la vestimenta femenina un preciado toque de orientalismo y sabor greco-romano, y a día de hoy muchos son los que han seguido su estela.
Como decía no es una silueta fácil de llevar ya que la disposición de la tela, en pliegues, hace que ésta coja mucho volumen y depende de donde se coloque, donde empieze la caída o el bies, el cuerpo que coje el tejido es pesado y tiende a ensanchar.











