No son barras y estrellas como manda la tradición americana pero sí es una constelación. Kirsten Dunst, la niña vampira reconvertida en musa indie ha vuelto de París, donde ha estado paseando palmito y se ha dejado caer por la cita anual con los cortos de las actrices, una iniciativa de la revista Glamour que cada año pone detrás de las cámaras a varias elegidas para que filmen algunas de las historias inventadas por los lectores.
Kirsten es una rebelde sin causa, se puede permitir ponerse lo que le de la gana porque eso es lo que tiene la etiqueta de “underground”, que una vez te la ponen, ya te la puedes quitar y además te da derecho a tener un estilo dejado y estrafalario, y que lo mismo te de por un Prada impecable que por un vestido de mercadillo o una camiseta ajada.
Y es una gran ventaja. Las “elegantes” de raza, sin embargo, no pueden permitirse los deslices si quieren conservar su estatus, imagínate a Victoria Beckham con una camisa mal puesta, unas bermudas roñosas y unas zapatillas planas, se le acabaría el reinado ipso facto.









