
Lo que en 1964 empezó como un simple regalo de empresa, se ha convertido en todo un símbolo de la sensualidad bien pensada y del erotismo elegante en imágenes. El calendario Pirelli supone la completa rotura de esteriotipos en relación a los calendarios de toda la vida: ese compendio de meses, días, e imágenes de más bien poco gusto en el que muslos y pechos no esconden ningún tipo de intención estética y que siempre imáginamos colgando de la cabina de un camionero.
Y es que aunque haya muchos para los que un desnudo nunca será artístico, el almanaque más exclusivo del mundo ha alcanzado cifras desorbitadas en las casas de subastas más prestigiosas y ha ocupado paredes de museos.
¿Podemos considerarlo entonces obra de arte?








