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¿Cuánto cuesta un wedding planner? 5 razones por las que merece la pena contratarlo
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¿Cuánto cuesta un wedding planner? 5 razones por las que merece la pena contratarlo

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Estoy casi segura de que la primera referencia que todos tuvimos sobre los wedding planners nos llegó a través de aquel divertidísimo Fronk que volvía loco a Steve Martin en El padre de la novia. Después, el cine continuó configurándonos la imagen mental de estos profesionales a través de (ñoñísimas) comedias con Jennifer López al frente. Pero, ¿conocemos realmente el papel de los wedding planners en la organización del que, para muchos, promete ser el día más feliz de su vida?

Si no disponéis de tiempo libre, el wedding planner se encargará de todo

Todos sabemos cómo vamos de locos por la vida. Si, muchas veces, apenas tenemos tiempo para sentarnos a comer en condiciones, ¿de dónde vamos a sacar el tiempo para organizar una boda? Pensadlo: música para la ceremonia, para el banquete, decoración del salón, fotos, vídeo, vestido, traje, niños de arras, coche, detalles de cortesía, viaje de novios, despedidas de solteros… Solo leerlo, puede provocar un infarto, imaginaos organizarlo. Incluso puede que una vez metidos en materia, un infarto os parezca una opción perfecta para libraros de llamar a proveedores. Un buen wedding planner se hará cargo de todo, gracias a su conocimiento del sector y sus relaciones con proveedores.

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«Es una tranquilidad para la pareja, saber que vas tener a alguien ahí ayudándote en todo lo que necesites, para que todo esté bajo control incluso en los momentos de más tensión y nervios». Olalla Blanco, Tamarola.

Olalla Blanco, copropietaria de Tamarola, considera que el principal factor que se debe tener en cuenta a la hora de contratar o no un wedding planner debe ser la disponibilidad de los novios.

Si demasiada gente se entromete en tu boda, un profesional sabrá controlarlo

Qué participantes, te preguntarás. Los únicos que importan en una boda son el novio y la novia, ¿no? Ja-ja-ja. Mis felicitaciones si os consideráis capaces de contener la furia organizativa de las respectivas madres, las opiniones no pedidas de los amigos e, incluso, las intromisiones de los diferentes proveedores. El wedding planner conocerá todos los trucos: desde encargar a la suegra alguna tarea intrascendente que la mantenga ocupada hasta centrar a las amigas en la organización de la despedida.

Sara Rivera, wedding planner de Komo Sara, nos dice que «se evitan muchos conflictos porque presentas un proyecto y una vez aprobado te ciñes a él. Luego van surgiendo pequeñas cosas, pero la planificadora sabe que el cliente no es solo la novia, es toda la familia que está involucrada. Tiene que tener empatía con todos y hacer equilibrio para que salga todo lo mejor posible».

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Con la ayuda de un wedding planner, todos disfrutarán del día B

Con tantos proveedores implicados en la organización, es inevitable que el propio día de la boda queden algunos cabos sueltos que suelen acabar recayendo en los familiares más próximos. Pagar algún gasto de última hora, estar pendiente de que el coche tenga gasolina o impedir que la tía Ramira ignore el seating plan y se instale en la mesa presidencial son tareas que un wedding planner hará encantado. Bueno, quizá no tan encantado cuando la tía Ramira le dé un bolsazo.

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Raquel Becerra, de Mon Amie Eventos, va incluso más allá. Considera que la wedding planner acaba convirtiéndose en amiga de los novios (de ahí el nombre de su empresa). Alguien que los ayudará, los escuchará sin descanso y acabará haciendo casi de psicóloga en los momentos en que los nervios arrecien.

Si no tenéis claro lo que queréis, él os ayudará a tomar decisiones

«Las bodas ya no son lo que eran y se busca sorprender a los invitados, en parte con miles de ideas que las novias han buscado en la red». Raquel Becerra, Mon Amie Eventos.

Posiblemente, la mayoría de novios respondan rotundamente que sí. Una boda bonita y sencilla. Todo el mundo dice querer una boda sencilla, aunque acaben con quinientos invitados, ocho platos en el menú y tonelada y media de peonías en el altar. Pero, ¿queremos una boda clásica, moderna o retro? ¿Música clásica, cuarteto de jazz o una orquesta verbenera? ¿Llegar a la ceremonia en un coche clásico, en Vespa o en bici? Pinterest ha hecho un daño espantoso.

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El protocolo nupcial puede ser un misterio para vosotros, pero no para el wedding planner

Dónde se sienta cada uno, qué orden se sigue para la entrada en la iglesia o juzgado, en qué momento del banquete se corta la tarta, se entregan los regalos o en qué orden se abre el baile. Si te gusta el protocolo y sueles seguirlo a rajatabla, todo esto te resultará sencillo. Pero, para mucha gente, puede resultar un verdadero quebradero de cabeza. Por no hablar de que siempre está bien tener una ayuda de contención cuando a ese grupo de amigos que (casi) todos tenemos les parezca graciosísima una broma que a ti te hará estremecer. Como atacarlos con un spray de pimienta está mal visto, dejemos esto en manos del wedding planner.

Según nos cuenta Olalla Blanco, incluso tienen que asesorar en ocasiones sobre cuestiones legales que los novios no habían tenido en cuenta de antemano.

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«Hay que diferenciar entre wedding planner y wedding planner, que hay gente que te pone un photocall y un candy bar, pero la producción de una boda es otra cosa. Un equipo trabajando durante un año en tu proyecto. Y eso sale desde 3.000 euros». Sara Rivera, Komo Sara.

Contratar o no un wedding planner es una decisión muy personal. Cierto es que puede encarecer la boda (aproximadamente un 5%, según Tamarola), aunque todos sabemos que las bodas ya son de por sí un orgasmo de gastos en el que no se suele escatimar. Y, en muchas ocasiones, la propia organización de la boda es un aliciente más, como cuando disfrutamos de organizar un viaje casi más que del viaje en sí. Pero, si no es nuestro caso, puede que la contratación de un wedding planner sea la respuesta a nuestras necesidades. Y, en el peor de los casos, al menos tendremos a alguien a quien echarle la culpa de lo que salga mal.

Fotos | Pixabay y Robb North.

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