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Los colores básicos se pueden permitir el lujo de ser monocromáticos. Todos hemos vestido alguna vez de blanco o de negro en su totalidad. Pero cuando se trata de colores chillones, vivos y llamativos, la cosa cambia: siempre, o casi siempre, los relegamos a un segundo plano y los empleamos a pinceladas, por dosis, y con muchísima precaución. Y es que en cuestiones de color no nos gusta ser demasiado estrafalarios.

Los ochenta trajeron debajo del brazo el abuso de los colores fluor, exceso que se apagó cuando los noventa vieron la luz, pero de vez en cuando vuelven olas de colorido que no todo el mundo aprovecha por una patología que digo yo que existirá y a la que yo llamo “fobia cromática”.

A mi personalmente los colores fuertes me entusiasman, me transmiten enegía, ganas de todo y muchísima vitalidad, y en especial el fucsia, uno de mis tonos preferidos sobre todo para el invierno porque su función en épocas de poca luz y frío es además de decorativa, terapeútica. Pero entiendo que no es color de fácil llevar, es potente y explosivo, puede hacer daño a la vista y desde luego, no es nada discreto. Por eso hoy propongo cuatro maneras de llevarlo de más a menos.

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La opción más extremada y radical es el total look de la primera foto, aparte de que es un modelo de Ungaro y sea simplemente maravilloso, me encanta la combinación del fúcsia con el negro, yo este año me lanzo y me compro un abrigo monocolor. Pero para las menos echadas para delante, unos pitillos combinados con prendas en tonos oscuros me parecen un golpe de efecto fantástico e igualmente resultón.

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Para las que descarten del todo llevar prendas de ese color, la mejor opción es la de romper con un complemento. Y esta chica no puede hacerlo mejor. Logra desviar toda la atención a lo que lleva en la mano, así que si tienes un mal día, ponte cualquier cosa oscura y un bolso chillón y nadie se fijará en tu ropa. De todas maneras, con cuadros, me chifla.

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Y para las que simplemente quieran dar la nota de color y crean que la clave está en los pequeños detalles: unos calcetines que se vean. O en su defecto, unos guantes, una diadema, un brazalete, un pañuelo, un cinturón o unos pendientes. Eso ya, a gusto del consumidor.

Fotos | Garance Doré

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