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Todos conocéis la historia de la Cenicienta, así que no voy a explicaros ningún cuento, pero me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre el zapatito de cristal que la joven pierde al huir del baile y que sirve al príncipe como pista para encontrarla: ¿un zapato que coincide con un solo pie? ¡Venga ya! Suena ridículo, ¿verdad? Es lo que tienen los cuentos. Pero paraos a pensarlo un momento… ¿y si fuera verdad?

Seguro que todos vosotros habéis sufrido alguna vez por el calzado: que si ampollas por aquí, que si me aprieta demasiado, que si me deja el tobillo suelto… No hace falta que os lo cuente, ¿verdad? ¡Un horror! Cuando me sucede esto (muy a menudo, he de decir) recuerdo el cuento de la Cenicienta y pienso que quizás esos zapatos no son para mí; quizás hay alguien, en algún lugar del mundo, llevando mis zapatos y sufriendo porque no son los suyos. ¿Comprendéis?

Ya lo sé, suena ridículo. Y más ahora que, gracias a Patri, he descubierto un montón de trucos para evitar el dolor que provocan los zapatos nuevos o demasiado estrechos. Por ejemplo, ¿sabíais que una buena forma de que el zapato se adapte al pie es ponerlo un rato antes en el congelador? También podéis usar Nivea y, sobre todo, no estrenéis nunca un zapato para acudir a una fiesta o evento (¡muy mal Cenicienta!): es mejor llevarlo unos días antes para darlo de sí y que no nos estropee la gran noche.

Más información | El blog de Patricia
En Trendencias | Calzado asesino

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