Juan ¡por Dios!
Cuenta la leyenda urbana que en una ocasión el divino Juan experimentó uno de sus atrevidos cortes de pelo en una clienta, la cual quedó tan escandalizada que tras el corte no pudo sino exclamar: pero Juan ¡por Dios!, ¿qué me has hecho?
El resto es más o menos historia. La peluquería mixta Juan ¡por Dios! está situada en Fuencarral y aunque por lo visto Juan ya ni siquiera corta el pelo allí (si alguien tiene más datos al respecto, que los comparta por favor) la mística aún la acompaña. Tanto es así que el pequeño local es descrito por algunos como laboratorio, atelier y similares lindezas. Se habla también de multi-espacio con cafetería (yo sólo vi una cafetera…), tienda de revistas internacionales (si, había una pila de revistas en la caja registradora…), exposiciones de arte, y venta de camisetas y joyas en plata.
La verdad, aunque las descripciones que pueblan la red sean tan grandilocuentes que cuando vas allí quedas un poco “contrariada”, sin duda merece la pena pasarse y atreverse con un corte. Todo en Juan ¡por Dios! enriquece la divertida experiencia: la estética setentera del local, la música lounge, los peluqueros (rollo Luxe-is-Love) y peluqueras (mezclas imposibles de Perdita Durango y Betty Boo), los miles de ejemplares de Vanidades y la actual exhibición de bolsas confeccionadas con materiales de reciclaje, de temas políticos y religiosos, de Juan Pablo Chipe.
Diría que los cortes para ellos son especialmente buenos, un poco makinavajas, pero muy estilosos. Y para mantener esos rabiosos cortes desiguales y alborotados en su sitio Juan ¡por Dios! utiliza y vende la cera